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heytchoups)

velkanvh:


Bannerman’s Castle, Pollepel Island, Nueva York.

Les había llevado unos arduos cuatro días viajar hasta la isla donde aquella resistencia sobrenatural estaba reunida. Principalmente por que habían tenido que tomar muchos desvíos y en ocasiones hasta volver sobre sus pasos para evitar las patrullas y los enfrentamientos, la idea era pasar tan desapercibidos como fuera posible. En esos días la falta de fuerzas de Velkan se hizo notar. Se veía pálido, una vez había ingerido sangre y había parecido mejorar casi instantáneamente, pero luego de unas horas había acabado expulsándola, procurando que Z no le viera, y de regreso a lo mismo. Pero lo habían conseguido a pesar de todo. Y allí estaban, frente a esas enormes ruinas, alzándose en la pequeña isla azotada por el viento y las olas. El poder se sentía allí, no estaba claro de dónde provenía, si era de la misma isla, de las batallas luchadas allí, o de la bruja que residía en ese sitio. Haciendo acopio de su fuerza, Velkan saltó fuera de la embarcación y aterrizó en la costa, alzando su mirada hacia el edificio. 
-Bien, sólo… mantente cerca -advirtió. Podrían recibirle eventualmente, pero en primera instancia le verían como una extraña, o hasta un aperitivo, uno letal por cierto -Vamos -le tendió una mano para ayudarle a bajar.
Z se sonrió con la vista en el camino, donde los árboles y la soledad formaban el desierto de la noche, bajo el manto de la luz lunar y ese aire tibio. Era raro el exceso de quietud, el sólo hecho de tener vía libre podía otorgar la sensación de desprotección, pero también familiaridad. Ya no eran salones o pasillos custodiados, ya no existían militares por cada cinco pasos con los cuales toparse y saludar. Allí, por ahora, era el real mundo, ese que sacaba de ti absolutamente toda la supervivencia. Con armas o no, apoyo o no, Z siempre terminaría por escogerle. Más ahora que era de alguna forma una prófuga. 
—Sólo Z… —dijo al verle de soslayo a causa del apodo, asomando otra pequeña sonrisa cuando esa aclaración volvía a ser conocida para ella. El amago del recuerdo de lo que alguna vez fue una vida común llegó hasta sus remembranzas, pero con un golpe mental le espanto. Había decidido vivir el ahora, al menos hasta sentirse a salvo otra vez. Y así sucedió el resto de tiempo, esos cuatro días junto a Velkan de camino a la nueva vida. ¿Qué le esperaría allí? Era el gran dilema y lo fue todo el viaje, pero si pensaba ganarse ese segundo chance para ir por su hermano o al menos para cobrar el valor de su vida, toda nueva oportunidad contaba. 
No hubo quejas de su parte ni una sola vez, al contrario, su actitud cooperativa nació con o sin la solicitud de su compañero de entonces, mucho más cuando algo le insistía las cosas no iba del todo bien con él y su propio ser. Muchas veces quiso preguntar, y muchas veces mientras Velkan no le observaba Z le miraba con ojo clínico, con las dudas en la punta de la lengua en cuanto él se veía más pálido o sus movimientos algo inciertos, pese a que él buscara siempre demostrar lo contrario, no obstante, ella opto por no darle riendas y sólo estar lo suficientemente atenta por si debía actuar. Cuando finalmente el viaje estuvo a punto de llegar a su centro, Z fijo su vista desde la embarcación a las ruinas como si algo le llamase o solo le atrajera, sintiendo el oleaje bajo sus pies; ese vaivén suave del navío. Algo tensó su mano y repentinamente provoco que sus ojos verdes variaran desde entonces al amatista en un parpadeo. Cambio que no percibió, porque Velkan ya anunciaba la llegada y ella se aprestó a ponerse de pie, tomando sus cosas para colgarse el bolso. 
—Creí que jamás conocería un sitio como estos… —comentó viendo en dirección al lugar, tomando de su mano para chapotear sobre los sedimentos del mar con sus botas. —Espero no haberte llevado a viajar los mismo cuatro días para ir a mi encuentro —ella se giro a verle con sus orbes amatistas, liberando su mano para acomodar su ballesta y de paso volver a examinarle con bastante disimulo. 
 -No partí de aquí -aseguró para relajarle, acomodándose su propia mochila al hombro mientras caminaba hacia las ruinas del edificio -Estoy habituado a viajar continuamente de todos modos, la guerra lo reclama, hay muchas partes que cubrir a lo largo de país. Yo y mis soldados nos encargamos principalmente de estar en primera fila y recuperar locaciones, otros son los que mantienen el sitio y se quedan más tiempo en cada lugar -tosió, llevándose una mano a la boca. Había sido idiota partir sin su “medicamento”, creía que podría soportar el viaje, se había equivocado. “Ya no falta mucho” se dijo a si mismo, dándose ánimos de continuar avanzando. -Es realmente un sitio increíble ¿cierto? -miró las ruinas con cierta admiración, ya pisando sobre el suelo de concreto. 
El sitio estaba en absolutas ruinas, a pesar de continuar siendo imponente y enorme. En el interior se habían necesitado hacer algunas modificaciones para volverlo habitable. En la entrada, se toparon con un licántropo que parecía más bien un gigante a juzgar por su tamaño, tenía una mirada intimidante en sus ojos oscuros. Sin embargo al ver a Velkan asintió con la cabeza en respeto y se hizo a un lado. Era difícil mantener la lealtad de esas criaturas, violentas por naturaleza, pero Velkan había procurado hacerlo, o al menos intentarlo, ganandose su lealtad y respeto en lugar de intimidarles o intentar pretender ser más violento aún. Resultaba claro que no lo era, o al menos le gustaba creerlo. Dentro el panorama era algo sombrío, con ojos observando desde la oscuridad. Sin embargo ninguno hizo el menor gesto de atacarles, sólo observaban a Ziva con desconfianza.
Asintió con cautela, volviendo a admirar todo ese panorama casi irreal. Había estado habituada a la vida de ciudad mucho tiempo cuando solo había querido huir de sus raíces para de algún modo asimilar nada nunca existió, sólo edificios altos e imponentes, transito descarriado, vida… normal, dependiendo desde donde se le mirara. Porque ahora, a su juicio, todo lo normal era implícitamente mantenerse con vida, eso ante lo siguiente que era hacerte de gente de confianza. Era lo que había aprendido los últimos días y era lo que buscaba poner en práctica. 
—Bastante… —acepto con voz asombrada, por cada paso parecía volverse mucho más grande e inverosímil. Se sentía de camino a una arquitectura con años de historia, como si estuviera frente a las pirámides de Egipto o algo similar. Podía sentir esa emoción golpear su pecho, esa casi tranquilidad sobre sus hombros. Nadie vendría por ella a ese sitio, ¿no? Repentinamente tuvo la sensación de estar en otro planeta. Eso sin dejar de ponerle atención a todo lo que Velkan le había contado. El hecho de que sus pies pisaran algo más firme fue reconfortante, haciendo más hábil el andar. Cuando escudriño el lugar y se encontró con la gran criatura Z en sus caminos soltó un bufido de asombro, pero velozmente adopto su más gentil actitud, no quería llegar demostrando que ponía especial análisis en todo lo que vería a futuro, menos con alguien que estaba viviendo en ese lugar. ¿Qué clase de visita sería? Una que seguramente echarían a patada si es que no desgarraban primero, pensó cuando ahora aplicaba la recomendación de Velkan: “Mantente cerca”. Tuvo la intención de hablar, e incluso realizó el gesto de inclinarse hacia él al extender su cuello procurando no tropezar, pero se humedeció los labios ante la sensación de ser observados con demasiada insistencia. Dudaba fuera únicamente su propia paranoia a donde quiera que sus ojos observaran —¿Todo esto pertenece a tu gente? —Inquirió finalmente, guardándose la pregunta sobre si sólo existirían licántropos adultos allí o, tal como en otros lugares, también cabía la presencia de niños. Dudaba toparse con alguien mundano.
-Estas ruinas fueron abandonadas hace mucho tiempo -explicó, subiendo las escaleras de roca, necesitando aferrarse a la baranda metálica que claramente había sido agregada recientemente -Allison lo encontró y decidió que era un sitio seguro, a salvo. Lo tomamos y lo volvimos nuestra “base” por decirlo de algún modo. 
-Velkan! Velkan! -se escucharon unos grititos al llegar al piso superior, y unos tres niños llegaron corriendo, trepándose y saltando encima del lobo como si fuera uno de esos juegos de parque para niños. -Agh -se quejó el muchacho al tener a los tres niños tironeando y colgándose de él, no obstante era claro que bromeaba, la sonrisa en sus labios era la prueba. Uno de los niños era pálido como la muerte, empapado de pies a cabeza y goteando agua, aunque parecía que ese era su estado normal a decir verdad, aparentaba haber sido sacado del fondo del mar, la otra cambió en un pestañeo mientras se subió a su espalda y pasó de tener el cabello rubio y la piel pálida, a tenerlo oscuro y la piel morena. El tercero se veía bastante normal a decir verdad, hasta que notó a Ziva y soltó un gruñido, mostrando sus dientes afilados y arrugando la nariz, licántropo. 
-It’s ok kid -le despeinó la cabeza para que se calmara -vayan que tengo trabajo que hacer -les hizo un gesto con la mano -Vamos, piérdanse -fingió echarlos aunque sólo les estaba fastidiando. La niña le sacó la lengua siguiéndole la pelea y acabaron por resignarse, soltando un “ohh” de decepción, tomando el camino escaleras abajo, mientras el lobo entraba en una de las puertas -Esto sólo tomará un minuto -se disculpó con Ziva, indicando la habitación mientras entraba. 
Era su dormitorio, había sólo un colchón en el suelo, un mueble algo viejo que estaba prácticamente vacío, y un escritorio. Rara vez utilizaba aquel sitio, y le parecía un desperdicio que le dieran una habitación para él solo cuando el resto estaba o bien viviendo en el bosque, o acumulados varios en una habitación. La mayoría de los soldados estaban fuera, luchando, pero había algunos allí, y sus familias enteras, ancianos y niños, por que las mujeres también luchaban. Se acercó al escritorio y abrió un pequeño cofre, a esas alturas y tras el incidente con los niños estaba prácticamente jadeando. Tomó un frasco con un líquido y lo destapó, bebiéndoselo de un trago como si fuera agua en medio del desierto.
—¿Allison? ¿Quién es…? —Sus palabras se detuvieron bruscamente, ella se detuvo un escalón y medio más abajo considerando uno de sus pies estaban sobre el peldaño superior. La sonrisa natural manó, que hubiera niños era de hecho una muy buena señal. Quería decir que al menos las cosas no eran tan duras allí, quizá estrictas si, de eso no dudaba que después de todo la guerra también había llegado hasta esos horizontes. Agradeciendo la pausa tomo buenas bocanas de aire al instante que giraba su cuello para alivianar algo de tensión, reacomodando su ballesta en su hombro izquierdo de paso. Al alzar la mirada se quedo observando el cambio de uno de ellos turbadamente, tal como si se mimetizara y recién entonces se daba cuenta también del que estaba en su totalidad empapado. Z alzo las cejas, contemplándoles en su intento por convencer a Velkan de jugar con ellos o hacerles de distracción, siguiendo a cada uno a medida que tomaban protagonismo, relajándose y olvidándose de las miradas que habían descansando en ella no mucho antes. Con otra risa a flor de piel. 
—Eso es un gran recibimiento —comentó con simpatía, pero al segundo siguiente su rostro vario bruscamente a sobresalto. Su ballesta cayó por la escalera al menos cuatro peldaños más abajo y Z no estuvo muy lejos de seguir sus pasos de no ser porque instintivamente se sujetara de la barrera. Que fueran pequeños no era sinónimo de inocencia, su propia naturaleza seguía viva y presente. Por ello era que el gruñido le tomara por sorpresa. Sin decir nada sacudió la cabeza, sintiendo una ráfaga de culpa e idiotez sobre ella. No tuvo más que volver sobre sus pasos, coger su arma y volver a subir mientras él se retiraba. Z le miró perderse, dando miraditas a los alrededores con algo de nerviosismo. No era fácil ser la forastera, expresamente por eso su propia condición y don tenían que continuar bajo el secreto de ambos. No quería causar alarma, no por ahora. Se giró a ver en dirección a la habitación poco después, dudando, no obstante y tras haber desistido de hacer vista ciega acabo apareciendo en el umbral. —¿Qué es lo que ha estado sucediéndote? —dijo en tono confidencial, cuidando de que nadie más estuviera cerca. Dejo caer su bolso junto a sus pies, su ballesta para limitar distancia y sabiendas estaba invadiendo su espacio, no escatimo en tomar el frasquito de sus manos para examinarle. —¿Para qué es? Y, por favor, Velkan, no esperes creas que solo es mi imaginación —dijo por si ya pensaba espantarle del tema.
-Sólo estoy algo enfermo, es medicación, cometí la idiotez de salir sin ella -explicó como si fuera tan simple como un resfrío -Se pasará pronto -negó con la cabeza, sentándose en la silla para darse unos minutos de descansó, descolgándose la mochila -Lamento lo de antes -se disculpó por el gruñido del niño -No le agradan los desconocidos, perdió a sus padres a manos de cazadores -se pasó una mano por el cabello, perdiéndose su mirada en el umbral de la puerta unos instantes, desde donde podían verse las escaleras -Nos llaman monstruos, asesinos… -inspiró aire, era cierto que muchos poseían naturaleza violenta, que necesitaban de humanos para sobrevivir, que mataban, lo desearan o no -Pero yo veo esto y… son sólo lo que son, tienen vidas también, familias, tienen costumbres, sienten. Creo que es más simple para los cazadores verles como monstruos y así no temblar a la hora de matarles. Por que ellos han lastimado a humanos, pero los cazadores también lastiman, cuando le quitan a un niño su padre, su madre… -apartó la mirada hasta sus manos, notando que su piel comenzaba a cobrar un color menos enfermizo -Derramar sangre sólo lleva a más derramamiento de sangre.
Cerro sus dedos alrededor del frasco, relajando su expresión para terminar asintiendo. Quería soltar otras preguntas, seguir indagando, lo encontraba casi justo considerando ella le había contado uno de sus peores secretos, pero ese instinto suyo le freno y con una exhalación se sentó sobre el suelo al modo indio, dándole otra mirada al medicamento. 
—No hay derecho para llamarles así —dijo con la cabeza gacha, pensativa. El frasco giraba entre sus dedos, sintiéndose el golpecito de las pastillas contra la cubierta, pero Z parecía encontrarse más allá en ese momento. —Los únicos monstruos aquí son los humanos, sino mírales… —alzo su vista en dirección a él, con gesto de cansancio no físico, al contrario, era a causa de la guerra que continuaba quitando vidas. —No les tiembla la mano para matar a los suyos, para destruir sitios enteros con bombas o granadas a grandes escalas. A decir verdad —hizo una pequeña pausa, cerrando los ojos. Aún se encontraba latente la imagen de una niña casi de la misma edad de los que había visto allí; gritando y llorando abrazada a una muñeca junto al cuerpo de su madre bajo escombros. Tenía su pequeño rostro infantil bañado en sangre. —dominarles humanos es una abogacía inequívoca. He visto a mascota ser más consientes que ellos —ante lo último le miró con prisa, casi con una disculpa. No quería que asumiera veía a los suyos como animales, no como muchos a manos de la ignorancia si hacían. —Yo tuve la intención de encajar entre ellos tiempo atrás, incluso asistí a la universidad, viví una vida… simple, pero milicias francesas asesinaron a mi compañera y me empujaron a esto —hizo un gesto vago con la mano, como si se señalara a ella misma.
-Yo ya he aceptado que nunca encajaré, ni realmente deseo hacerlo -admitió con una leve sonrisa, no había sido educado de aquel modo, había sido educado para estar orgulloso de lo que era, como un buen hijo del alfa de la manada, alguien que luego tomaría su sitio. Incluso en sus momentos de trabajar en el bar, mantenerse cercano a los humanos y su mundo, incluso al intentar formar parte de ellos nunca había negado a su manada. Pero incluso allí nunca había encajado ¿Cierto? Nunca encajaría completamente en ningún sitio, las nornas se lo habían advertido -Viví toda mi vida con la manada, y para cuando me encontré por mi cuenta… la guerra ya había estallado, así que no fue más que viajar en solitario, actuar como un idiota suicida en su mayoría -recordó con una risa -Fue cuando me conociste -asintió -y entonces… sucedieron algunas cosas…un amigo murió, o al menos creí que había muerto. Así que acabé distanciándome totalmente de la OCEU y decidí ayudar a Allison -explicó, incorporándose, necesitando estirar las piernas ahora que comenzaba a recobrar fuerzas. Se veía mucho más vivo, erguido, fuerte, como se suponía que fuera -Ella es la… “líder” de todo esto, quien formó las alianzas entre criaturas, encontró este lugar, nos unió a todos.
—También yo… —dijo más para sí misma, sin mentir. Quiso una vida fuera de todo, todo lo que tuviera que ver con esa existencia sobrenatural, cuando aparentemente su don de muerte le había dejado, cuando su hermano simplemente desapareció de su vida y ella tuvo que desistir de buscarle tras casi un año de investigaciones. Una rara sensación cruzo su pecho, si al menos le hubiese buscado más, entre cielo, mar y tierra… No, Will debía encontrarse con vida. Si ella había dañado a la esposa del general Stevens, esperaba que los captores tuvieran –dudosamente- al menos una pizca de misericordia. La suficiente para seguir entre en ese mundo. Desde un silencio suyo descruzo una pierna para usarla como soporte para su brazo, siguiendo los pasos de Velkan en ese cuarto. Sin duda su historia es bastante de agraz, era raro encontrar esa aura casi imperturbable en él, la forma en que Z le sentía. A veces realmente no sabía si le sobrevaloraba en bondad o su sentido de reconocimiento estaba algo más que malogrado. Muchas veces, cuando encontraba a alguien con esas características levantaban sospechas en ella, pero él… Él sin más era siempre igual. Al escuchar por segunda vez el nombre de Allison la curiosidad regreso a su instinto. Velkan entonces se encargo de apagar algunas con lo que había comenzando a contarle. Z torció los labios y con los ojos entrecerrados consultó: —¿Crees que me aceptará aquí? Digo… —meneó la cabeza, vacilante. Si aquel niño le había gruñido solo por su presencia, ¿qué podía esperar de la líder?. —Estoy invadiendo su refugio, su trabajo, no soy un lobo tampoco y… —enseño sus manos para que entendiera— esto.
-No se refugian aquí sólo licántropos, tú lo has visto. En su mayoría son criaturas que se han cansado de ser cazadas, o no quieren unirse a Samael para servirle como un amo -se encogió de hombros -creo que encajas en la categoría -se incorporó, ya más recuperado -Es… difícil de tratar, pero creo que hay bondad en ella. Ha hecho todo esto ¿Cierto? -le hizo un gesto para que le siguiera -vamos, ya debe de saber que estamos aquí, nos estará esperando -le sonrió levemente para darle ánimos o al menos quitar un poco de ese temor que sentía. 
Espetó un gesto vago de sonreírse. Pareciendo que alzaba de sus hombros antes de ponerse de pie, sacudiendo la parte inferior de sus pantalones. 
—Eso espero —dijo comenzando a regresar hasta la entrada— no creo tenga ganas de viajar cuatro días más en caso de lo contrario —No, dudaba fuera a ser así, es decir… ¿Por qué le echarían?. Se inclinó tomando su bolso y arma, acomodándolos tras su espalda hasta encontrar el aire fresco del lugar, uno completamente diferente al de la ciudad. Sin duda el mar y la lejanía de la civilización de cemento tenían algo más que beneficios. —Esto es tuyo —le tendió de regreso el frasco una vez se dio cuenta lo tenía bajo su poder, no quería quedárselo por error— Ahora… —su voz se volvió confidencial otra vez, pero acabo quedándose en silencio al contemplarle y pensar ya no era prudente esbozar mayores preguntas, dibujando una de esas sonrisas cordiales que indicaba estaba bajo su disposición por el resto de camino. —Nada, no tiene importancia.
Le miró extrañado pero acabó por encogerse de hombros, sin comprender qué era lo que había estado por decir. No presionó no obstante, sólo le condujo en silencio, descendiendo las escaleras de nuevo, tomando el camino central hasta la sala principal del castillo. Enorme, amplia y casi vacía, con excepción de unas dos brujas paradas cual guardias a los costados. En el centro estaba Allison Cobain, la bruja, sentada cual reina en su trono en el centro de la habitación. Allison era definitivamente una mujer hermosa, por mucho que esa belleza hubiera sufrido más de un maltrato. Tenía aspecto de haber sido despampanante alguna vez, ahora en cambio había un aura sombría a su alrededor. Vestía en negro, perdiéndose sus cabellos azabaches entre la tela de su ropa, y consiguiendo que sus ojos claros centellaran aún con más fuerza. Eran hielo, penetrando y odiando, como dagas. A su lado había otra mujer mucho más arreglada, prácticamente impecable. Su piel también era pálida, sus labios rojos como la sangre, y su ropa era del mismo color, fina, con todo el aspecto de femme fatale. Lucía joven, de la misma edad de Velkan y Allison, o apenas unos años mayor. 
-Allison -el muchacho agachó la cabeza en señal de respeto -madre -miró a la otra mujer, siendo evidente su parentezco con ella. -Entonces ¿Hiciste lo que debías hacer? -preguntó su madre con un tono ligeramente venenoso. -Has desaparecido, de nuevo -había un tono levemente acusador en la otra chica, aunque parecía casi angustiada. -Te advertí que tenía cosas que hacer, personales -dio un paso a un lado, dejando sitio a Z para que se acercara -Esta es Z, es una vieja amiga -quizá era demasiado decir “vieja amiga” pero era mejor pintarle tan en confianza como fuera posible.
Su comportamiento fue el mismo a medida que ella era escoltada por él, dedicándose a observar los cimientos de aquel lugar tan impresionante. Intentando imaginar la historia que guardarían todos esos pilares y tierra, no solo entonces sino a lo largo del tiempo, porque claramente parecía poseer demasiado. Le pareció ver a otros habitantes a lo lejos, fuera de allí, dudando que fuera por el interés de su presencia, cosa que agradecía puesto que si bien, hubo un tiempo que le gusto ser el centro de atención, cuando sus comportamientos eran mucho más alocados y juveniles, ahora todo lo que buscaba era pasar lo más bajo perfil que pudiera. Estrechó la mirada hacía los frentes con una desconcertada sensación, cuando sintió otras presencias, casi similar al primer llamado que recibió segundos antes de dejar la embarcación. Una de sus manos se tensó, sintiendo que incluso ardía bajo la cobertura de su guante. Tuvo que abrir y cerrar sus dedos, apretarles en un puño escuchando entonces el diálogo que se dio paso. Quedándose algunos pasos más atrás. Cautelosa. 
—De todos, Ziva, de todo tenías que venir a terminar aquí —la voz masculina casi cercana a su oído le hizo girarse de soslayo, encontrando a Eric parado allí, con una sonrisa ladina y de brazos cruzados. —Vista al frente, no querrás que la soberana del lugar piense le ignoras —siseo— De todos modos, sólo tu puedes verme y sentirme por ahora, así que actúa con disimulo —Z se giró, posando sus ojos en Allison y allí se quedó por un par de segundos, luego contempló a la madre de Velkan justo cuando ya estaba hablando. Tuvo la necesidad de preguntarle que diablo estaba haciendo allí al que creía continuaba a su lado, pero apenas observo de soslayo ya nadie estuvo allí. Su nombre a manos de Velkan no obstante le tomo desprevenida, capturando su atención hacia ellos. Limitándose a repetir el gesto que él había hecho antes para saludar. Su mano volvió a quemar, pero ella la escondió en el bolsillo de su sudadera.
-Asuntos personales… -murmuró Allison, descendiendo al suelo para poder dar unos pasos hacia ellos, alzó primero la vista al lobo y le observó con seriedad, para luego sonreír, dándole un abrazo de bienvenida -Me alegra que estés en casa -susurró en su oído, dedicándole una sonrisa que realmente parecía de felicidad, lo que resultaba confuso, teniendo en cuenta lo sombría y temible que parecía. Al apartarse, centró entonces su atención en Ziva, clavando sus ojos de hielo en ella con atención. -Luces nerviosa -observó, entrecerrando sus ojos, había algo acerca de esa chica, casi familiar, algo que alguna vez había reconocido en ella.
A diferencia de otras veces o personas, las cuales eran muy pocas, Z no apartó su mirada de la bruja, al contrario, siguió cada uno de sus pasos hasta que se detuvo para atender a Velkan. Mirando a ambos inicialmente, sólo para entonces apreciar ese pequeño cambio de actitud en Allison. De fría a cordial, de seriedad a esa sonrisa que incluso parecía iluminar ese rostro tallado con los dedos debido a la belleza que ella no ignoro. Se preguntó entonces si eso sería habitual o propiamente tal de alguien que estaba a cargo. A diferencia de la percepción que tenía con Velkan y esa casi inmaculada bondad, con ella la sensación era bastante diferente, pero nada concreto, apenas le estaba conociendo. 
—Fue un largo viaje, poca costumbre a presentarme ante autoridades de algún lugar —dijo respondiéndole la mirada, cuando incluso ese mismo color suyo se volvía más cristalino y brillante, latente. —Y la pregunta, no obstante —en ese minuto le dirigió una mirada breve a la madre de Velkan, regresando a la de ojos de hielo— sigue siendo si tendré su aprobación para quedarme aquí.
-Aquí se refugian las criaturas que escapan de la hipocresía y el asesinato de los cazadores -el odio fue visible como fuego en sus ojos. Mínimamente, Allison poseía un fuerte carácter, no era por nada que era la líder de allí, había tal pasión en sus palabras que costaba no ver a sus enemigos con sus mismos ojos. -Y por que nos unimos para acabar con Salomón -agregó Velkan, mirando de reojo a la mujer, quien sonrió, cuando al parecer el muchacho tenía que recordárselo. -Un pequeño estorbo en el camino -respondió, volviendo su mirada a Ziva -¿Tú por qué estás aquí? No puedes esperar que simplemente te reciba sin más. Podrías estar con la OCEU.
—Mis padres eran cazadores, no sé si eso sea un punto a favor o en mi contra para… —¿ti, para usted? Dudo de cómo tratarle— ustedes—sacudió la cabeza, claro que no lo era. Había notado la pasión en su voz, así que antes de ganarse una mirada más fría observo a Velkan, casi evaluando y solicitando su consejo para la siguiente información que pretendía contar. Tenía que ir con cuidado, evaluando sus propios pasos. No podía ir contando a todo el que conociera que había intentando asesinar a la esposa del General. Siempre existía gente interesada en traicionarte, no? Allison tomaba sus precauciones, Z tenía que prever las suyas. —Un integrante de aquella organización les quito la vida tiempo atrás —omitió nombres, pero eso no evitó que el calor en su mano se hiciera más latente, a fuego— y causa de ello también perdí a mi único hermano. —Aparto la mirada, con un suspiro cabizbajo. Will no era un tema fácil, jamás lo sería sin importar el tiempo —No sé si aún este con vida, pero lo que sí sé, es que no puedo formar parte de una organización donde mi mayor enemigo se cobija. ¿Quieres dudar de mí? —Extendió sus brazos a los costados de su cuerpo, sin nada que esconder referente a ese tema— ¿necesitas pruebas? —alzo las cejas, dando una negación de su cabeza —Estoy segura podrías acabar conmigo incluso antes de que intente traicionarte.
Allison le observó con atención, escuchando sus palabras, alzando levemente el mentón. 
-Cazadores intentaron matarme cuando era una bebé, me envenenaron. Prometieron protegerme e hicieron nada mientras era enterrada viva y luego violada, no intentaron ayudarme cuando era torturada -hablaba sin llorar, Allison ya no lloraba, el dolor y el rencor le habían endurecido, pero estos estaban allí, marcando su rostro, arrebatándole su belleza -Tenemos un enemigo en común -dibujó una sonrisa en sus labios, tomando el brazo de Ziva antes de que pudiera apartarse -No temas, no puedes herirme. Alguna vez fuimos lo mismo -dijo, referente a sus poderes. Eso era lo que veía familiar en ella, esa mirada de quien posee un toque mortal, manteniendo distancia segura de todos, con las muertes pesando sobre sus hombros -el fuego no puede matar al fuego.
No pudo ocultar ni un ápice el asombro que la confesión le provoco, por un momento dejo de lado sus propios miedos y dolencias, las heridas que portaba consigo para enfocarse ciegamente en la mujer frente ella. Algo surco su pecho, un vació y desconsuelo que Allison jamás demostró. ¿Hablaba de daños? A ojos de Z solo parecía que estuviera refiriéndose al clima de aquel día, sin emociones de por medio. Hielo, sin temor a la duda era un tempano de hielo en todo su esplendor. Sus labios titubearon, transpirando frio al tenerle tan cerca cuando apenas alcanzó a darse cuenta de su brazo enlazado al suyo. Con algo de torpeza deslizó sus ojos a la unión, contrastando el negro de su ropa elegante contra su simple chaqueta de cuero marrón. Luego simplemente elevó su rostro para estudiar cada facción suya. Era extraño intentar saber cómo se sentía.
—¿Cómo es qué…? —inclinó su rostro con los ojos entornados, volviendo a fijarse en sus manos desnudas que, a diferencia de ella, no necesitaban de guantes para no asesinar a otros por el solo hecho de tocarles.
-Me liberé de mis cadenas hace tiempo -explicó, refiriéndose a cómo había sacrificado casi la totalidad de sus poderes, para así liberarse de su padre. Aprendiendo a controlar los pocos que le quedaban, volcándose en las artes antiguas que aparecieron como su pasaje a la libertad, fuera de la opresión de otros -Tenía el mismo poder que tú Ziva, deja una marca en tus ojos, en como te mueves en el mundo -alzó la vista hacia Velkan que las observaba con el ceño fruncido. Sus ojos se habían empañado levemente al oír a Allison hablar de lo que había sufrido. Nunca había escuchado acerca de aquello, podía ver su dolor, y siempre se había preguntado, pero no conocía la historia. -Eres bienvenida a quedarte tanto como desees Ziva -acarició su mejilla con un gesto casi maternal, sonriendo, antes de apartarse -Encuéntrale una habitación Velkan -ordenó, pasando junto al muchacho para regresar a su asiento, donde Jezebel les observaba con desconfianza. -¿Es sabio…? -se inclinó a susurrar en su oído, cual serpiente venenosa. -Es mi decisión -Allison le dedicó una mirada dura que dejaba en claro quién estaba a cargo allí y por qué.
El atractivo de mano al interés por sus palabras brillo en sus ojos, porque… Si Allison había tenido la misma maldición/don, significaba que remotamente existía alguna oportunidad para ella. Quizá no había punto de comparación entre ambas, sólo coincidencia de habilidad, pero aún así, ¿qué más daba? Podría buscar su modo de torcerle la mano a ese toque de muerte, volverlo a uno menos dañino y más provechoso. Jamás le había querido ver de ese modo, pero… si iba a tenerle consigo, entonces podía aceptarle y traerlo a su favor o acabar por consumirse entre cuerpos, pérdidas y soledad. Bien, estaba pensando bajo el alero de un desconcertante pensamiento. Cabeza fría Z, pensó. Su acaricia de todos modos le dejo pegada al suelo, casi había olvidado lo que era un gesto como ese. Miró por última vez y de cerca esos ojos claros, viéndole poco después y tras las palabras a Velkan regresar a su lugar bajo el prestigio de sus pasos y esas vestimentas. Z tuvo el deseo de pasar sus propios dedos sobre su piel, pero entonces lo último que deseaba era pasar ese cuero de dedos contra su mejilla. 
—Realmente lo agradezco —de frente a ella inclinó su rostro, bajando la mirada. Claramente su charla con ella no quedaría allí, al contrario, tenía esa emoción internar de reiniciarla cuanto antes. Era Allison quien parecía entonces volverse su nueva mentora en esa área, prácticamente fuera de su propia razón. Miró a Velkan entonces, disponiéndose a seguirle una vez más, dando una última mirada lateral en dirección a las féminas. —Eso fue intensó —comentó casi al aire, con los ojos muy abiertos pero con una sonrisa también.
 

velkanvh:

Bannerman’s Castle, Pollepel Island, Nueva York.


Les había llevado unos arduos cuatro días viajar hasta la isla donde aquella resistencia sobrenatural estaba reunida. Principalmente por que habían tenido que tomar muchos desvíos y en ocasiones hasta volver sobre sus pasos para evitar las patrullas y los enfrentamientos, la idea era pasar tan desapercibidos como fuera posible. En esos días la falta de fuerzas de Velkan se hizo notar. Se veía pálido, una vez había ingerido sangre y había parecido mejorar casi instantáneamente, pero luego de unas horas había acabado expulsándola, procurando que Z no le viera, y de regreso a lo mismo. Pero lo habían conseguido a pesar de todo. Y allí estaban, frente a esas enormes ruinas, alzándose en la pequeña isla azotada por el viento y las olas. El poder se sentía allí, no estaba claro de dónde provenía, si era de la misma isla, de las batallas luchadas allí, o de la bruja que residía en ese sitio. Haciendo acopio de su fuerza, Velkan saltó fuera de la embarcación y aterrizó en la costa, alzando su mirada hacia el edificio.

-Bien, sólo… mantente cerca -advirtió. Podrían recibirle eventualmente, pero en primera instancia le verían como una extraña, o hasta un aperitivo, uno letal por cierto -Vamos -le tendió una mano para ayudarle a bajar.

Z se sonrió con la vista en el camino, donde los árboles y la soledad formaban el desierto de la noche, bajo el manto de la luz lunar y ese aire tibio. Era raro el exceso de quietud, el sólo hecho de tener vía libre podía otorgar la sensación de desprotección, pero también familiaridad. Ya no eran salones o pasillos custodiados, ya no existían militares por cada cinco pasos con los cuales toparse y saludar. Allí, por ahora, era el real mundo, ese que sacaba de ti absolutamente toda la supervivencia. Con armas o no, apoyo o no, Z siempre terminaría por escogerle. Más ahora que era de alguna forma una prófuga.

—Sólo Z… —dijo al verle de soslayo a causa del apodo, asomando otra pequeña sonrisa cuando esa aclaración volvía a ser conocida para ella. El amago del recuerdo de lo que alguna vez fue una vida común llegó hasta sus remembranzas, pero con un golpe mental le espanto. Había decidido vivir el ahora, al menos hasta sentirse a salvo otra vez. Y así sucedió el resto de tiempo, esos cuatro días junto a Velkan de camino a la nueva vida. ¿Qué le esperaría allí? Era el gran dilema y lo fue todo el viaje, pero si pensaba ganarse ese segundo chance para ir por su hermano o al menos para cobrar el valor de su vida, toda nueva oportunidad contaba.

No hubo quejas de su parte ni una sola vez, al contrario, su actitud cooperativa nació con o sin la solicitud de su compañero de entonces, mucho más cuando algo le insistía las cosas no iba del todo bien con él y su propio ser. Muchas veces quiso preguntar, y muchas veces mientras Velkan no le observaba Z le miraba con ojo clínico, con las dudas en la punta de la lengua en cuanto él se veía más pálido o sus movimientos algo inciertos, pese a que él buscara siempre demostrar lo contrario, no obstante, ella opto por no darle riendas y sólo estar lo suficientemente atenta por si debía actuar. Cuando finalmente el viaje estuvo a punto de llegar a su centro, Z fijo su vista desde la embarcación a las ruinas como si algo le llamase o solo le atrajera, sintiendo el oleaje bajo sus pies; ese vaivén suave del navío. Algo tensó su mano y repentinamente provoco que sus ojos verdes variaran desde entonces al amatista en un parpadeo. Cambio que no percibió, porque Velkan ya anunciaba la llegada y ella se aprestó a ponerse de pie, tomando sus cosas para colgarse el bolso.

—Creí que jamás conocería un sitio como estos… —comentó viendo en dirección al lugar, tomando de su mano para chapotear sobre los sedimentos del mar con sus botas. —Espero no haberte llevado a viajar los mismo cuatro días para ir a mi encuentro —ella se giro a verle con sus orbes amatistas, liberando su mano para acomodar su ballesta y de paso volver a examinarle con bastante disimulo.

 -No partí de aquí -aseguró para relajarle, acomodándose su propia mochila al hombro mientras caminaba hacia las ruinas del edificio -Estoy habituado a viajar continuamente de todos modos, la guerra lo reclama, hay muchas partes que cubrir a lo largo de país. Yo y mis soldados nos encargamos principalmente de estar en primera fila y recuperar locaciones, otros son los que mantienen el sitio y se quedan más tiempo en cada lugar -tosió, llevándose una mano a la boca. Había sido idiota partir sin su “medicamento”, creía que podría soportar el viaje, se había equivocado. “Ya no falta mucho” se dijo a si mismo, dándose ánimos de continuar avanzando. -Es realmente un sitio increíble ¿cierto? -miró las ruinas con cierta admiración, ya pisando sobre el suelo de concreto.

El sitio estaba en absolutas ruinas, a pesar de continuar siendo imponente y enorme. En el interior se habían necesitado hacer algunas modificaciones para volverlo habitable. En la entrada, se toparon con un licántropo que parecía más bien un gigante a juzgar por su tamaño, tenía una mirada intimidante en sus ojos oscuros. Sin embargo al ver a Velkan asintió con la cabeza en respeto y se hizo a un lado. Era difícil mantener la lealtad de esas criaturas, violentas por naturaleza, pero Velkan había procurado hacerlo, o al menos intentarlo, ganandose su lealtad y respeto en lugar de intimidarles o intentar pretender ser más violento aún. Resultaba claro que no lo era, o al menos le gustaba creerlo. Dentro el panorama era algo sombrío, con ojos observando desde la oscuridad. Sin embargo ninguno hizo el menor gesto de atacarles, sólo observaban a Ziva con desconfianza.

Asintió con cautela, volviendo a admirar todo ese panorama casi irreal. Había estado habituada a la vida de ciudad mucho tiempo cuando solo había querido huir de sus raíces para de algún modo asimilar nada nunca existió, sólo edificios altos e imponentes, transito descarriado, vida… normal, dependiendo desde donde se le mirara. Porque ahora, a su juicio, todo lo normal era implícitamente mantenerse con vida, eso ante lo siguiente que era hacerte de gente de confianza. Era lo que había aprendido los últimos días y era lo que buscaba poner en práctica.

—Bastante… —acepto con voz asombrada, por cada paso parecía volverse mucho más grande e inverosímil. Se sentía de camino a una arquitectura con años de historia, como si estuviera frente a las pirámides de Egipto o algo similar. Podía sentir esa emoción golpear su pecho, esa casi tranquilidad sobre sus hombros. Nadie vendría por ella a ese sitio, ¿no? Repentinamente tuvo la sensación de estar en otro planeta. Eso sin dejar de ponerle atención a todo lo que Velkan le había contado. El hecho de que sus pies pisaran algo más firme fue reconfortante, haciendo más hábil el andar. Cuando escudriño el lugar y se encontró con la gran criatura Z en sus caminos soltó un bufido de asombro, pero velozmente adopto su más gentil actitud, no quería llegar demostrando que ponía especial análisis en todo lo que vería a futuro, menos con alguien que estaba viviendo en ese lugar. ¿Qué clase de visita sería? Una que seguramente echarían a patada si es que no desgarraban primero, pensó cuando ahora aplicaba la recomendación de Velkan: “Mantente cerca”. Tuvo la intención de hablar, e incluso realizó el gesto de inclinarse hacia él al extender su cuello procurando no tropezar, pero se humedeció los labios ante la sensación de ser observados con demasiada insistencia. Dudaba fuera únicamente su propia paranoia a donde quiera que sus ojos observaran —¿Todo esto pertenece a tu gente? —Inquirió finalmente, guardándose la pregunta sobre si sólo existirían licántropos adultos allí o, tal como en otros lugares, también cabía la presencia de niños. Dudaba toparse con alguien mundano.

-Estas ruinas fueron abandonadas hace mucho tiempo -explicó, subiendo las escaleras de roca, necesitando aferrarse a la baranda metálica que claramente había sido agregada recientemente -Allison lo encontró y decidió que era un sitio seguro, a salvo. Lo tomamos y lo volvimos nuestra “base” por decirlo de algún modo.

-Velkan! Velkan! -se escucharon unos grititos al llegar al piso superior, y unos tres niños llegaron corriendo, trepándose y saltando encima del lobo como si fuera uno de esos juegos de parque para niños. -Agh -se quejó el muchacho al tener a los tres niños tironeando y colgándose de él, no obstante era claro que bromeaba, la sonrisa en sus labios era la prueba. Uno de los niños era pálido como la muerte, empapado de pies a cabeza y goteando agua, aunque parecía que ese era su estado normal a decir verdad, aparentaba haber sido sacado del fondo del mar, la otra cambió en un pestañeo mientras se subió a su espalda y pasó de tener el cabello rubio y la piel pálida, a tenerlo oscuro y la piel morena. El tercero se veía bastante normal a decir verdad, hasta que notó a Ziva y soltó un gruñido, mostrando sus dientes afilados y arrugando la nariz, licántropo.

-It’s ok kid -le despeinó la cabeza para que se calmara -vayan que tengo trabajo que hacer -les hizo un gesto con la mano -Vamos, piérdanse -fingió echarlos aunque sólo les estaba fastidiando. La niña le sacó la lengua siguiéndole la pelea y acabaron por resignarse, soltando un “ohh” de decepción, tomando el camino escaleras abajo, mientras el lobo entraba en una de las puertas -Esto sólo tomará un minuto -se disculpó con Ziva, indicando la habitación mientras entraba.

Era su dormitorio, había sólo un colchón en el suelo, un mueble algo viejo que estaba prácticamente vacío, y un escritorio. Rara vez utilizaba aquel sitio, y le parecía un desperdicio que le dieran una habitación para él solo cuando el resto estaba o bien viviendo en el bosque, o acumulados varios en una habitación. La mayoría de los soldados estaban fuera, luchando, pero había algunos allí, y sus familias enteras, ancianos y niños, por que las mujeres también luchaban. Se acercó al escritorio y abrió un pequeño cofre, a esas alturas y tras el incidente con los niños estaba prácticamente jadeando. Tomó un frasco con un líquido y lo destapó, bebiéndoselo de un trago como si fuera agua en medio del desierto.

—¿Allison? ¿Quién es…? —Sus palabras se detuvieron bruscamente, ella se detuvo un escalón y medio más abajo considerando uno de sus pies estaban sobre el peldaño superior. La sonrisa natural manó, que hubiera niños era de hecho una muy buena señal. Quería decir que al menos las cosas no eran tan duras allí, quizá estrictas si, de eso no dudaba que después de todo la guerra también había llegado hasta esos horizontes. Agradeciendo la pausa tomo buenas bocanas de aire al instante que giraba su cuello para alivianar algo de tensión, reacomodando su ballesta en su hombro izquierdo de paso. Al alzar la mirada se quedo observando el cambio de uno de ellos turbadamente, tal como si se mimetizara y recién entonces se daba cuenta también del que estaba en su totalidad empapado. Z alzo las cejas, contemplándoles en su intento por convencer a Velkan de jugar con ellos o hacerles de distracción, siguiendo a cada uno a medida que tomaban protagonismo, relajándose y olvidándose de las miradas que habían descansando en ella no mucho antes. Con otra risa a flor de piel.

—Eso es un gran recibimiento —comentó con simpatía, pero al segundo siguiente su rostro vario bruscamente a sobresalto. Su ballesta cayó por la escalera al menos cuatro peldaños más abajo y Z no estuvo muy lejos de seguir sus pasos de no ser porque instintivamente se sujetara de la barrera. Que fueran pequeños no era sinónimo de inocencia, su propia naturaleza seguía viva y presente. Por ello era que el gruñido le tomara por sorpresa. Sin decir nada sacudió la cabeza, sintiendo una ráfaga de culpa e idiotez sobre ella. No tuvo más que volver sobre sus pasos, coger su arma y volver a subir mientras él se retiraba. Z le miró perderse, dando miraditas a los alrededores con algo de nerviosismo. No era fácil ser la forastera, expresamente por eso su propia condición y don tenían que continuar bajo el secreto de ambos. No quería causar alarma, no por ahora. Se giró a ver en dirección a la habitación poco después, dudando, no obstante y tras haber desistido de hacer vista ciega acabo apareciendo en el umbral. —¿Qué es lo que ha estado sucediéndote? —dijo en tono confidencial, cuidando de que nadie más estuviera cerca. Dejo caer su bolso junto a sus pies, su ballesta para limitar distancia y sabiendas estaba invadiendo su espacio, no escatimo en tomar el frasquito de sus manos para examinarle. —¿Para qué es? Y, por favor, Velkan, no esperes creas que solo es mi imaginación —dijo por si ya pensaba espantarle del tema.

-Sólo estoy algo enfermo, es medicación, cometí la idiotez de salir sin ella -explicó como si fuera tan simple como un resfrío -Se pasará pronto -negó con la cabeza, sentándose en la silla para darse unos minutos de descansó, descolgándose la mochila -Lamento lo de antes -se disculpó por el gruñido del niño -No le agradan los desconocidos, perdió a sus padres a manos de cazadores -se pasó una mano por el cabello, perdiéndose su mirada en el umbral de la puerta unos instantes, desde donde podían verse las escaleras -Nos llaman monstruos, asesinos… -inspiró aire, era cierto que muchos poseían naturaleza violenta, que necesitaban de humanos para sobrevivir, que mataban, lo desearan o no -Pero yo veo esto y… son sólo lo que son, tienen vidas también, familias, tienen costumbres, sienten. Creo que es más simple para los cazadores verles como monstruos y así no temblar a la hora de matarles. Por que ellos han lastimado a humanos, pero los cazadores también lastiman, cuando le quitan a un niño su padre, su madre… -apartó la mirada hasta sus manos, notando que su piel comenzaba a cobrar un color menos enfermizo -Derramar sangre sólo lleva a más derramamiento de sangre.

Cerro sus dedos alrededor del frasco, relajando su expresión para terminar asintiendo. Quería soltar otras preguntas, seguir indagando, lo encontraba casi justo considerando ella le había contado uno de sus peores secretos, pero ese instinto suyo le freno y con una exhalación se sentó sobre el suelo al modo indio, dándole otra mirada al medicamento.

—No hay derecho para llamarles así —dijo con la cabeza gacha, pensativa. El frasco giraba entre sus dedos, sintiéndose el golpecito de las pastillas contra la cubierta, pero Z parecía encontrarse más allá en ese momento. —Los únicos monstruos aquí son los humanos, sino mírales… —alzo su vista en dirección a él, con gesto de cansancio no físico, al contrario, era a causa de la guerra que continuaba quitando vidas. —No les tiembla la mano para matar a los suyos, para destruir sitios enteros con bombas o granadas a grandes escalas. A decir verdad —hizo una pequeña pausa, cerrando los ojos. Aún se encontraba latente la imagen de una niña casi de la misma edad de los que había visto allí; gritando y llorando abrazada a una muñeca junto al cuerpo de su madre bajo escombros. Tenía su pequeño rostro infantil bañado en sangre. —dominarles humanos es una abogacía inequívoca. He visto a mascota ser más consientes que ellos —ante lo último le miró con prisa, casi con una disculpa. No quería que asumiera veía a los suyos como animales, no como muchos a manos de la ignorancia si hacían. —Yo tuve la intención de encajar entre ellos tiempo atrás, incluso asistí a la universidad, viví una vida… simple, pero milicias francesas asesinaron a mi compañera y me empujaron a esto —hizo un gesto vago con la mano, como si se señalara a ella misma.

-Yo ya he aceptado que nunca encajaré, ni realmente deseo hacerlo -admitió con una leve sonrisa, no había sido educado de aquel modo, había sido educado para estar orgulloso de lo que era, como un buen hijo del alfa de la manada, alguien que luego tomaría su sitio. Incluso en sus momentos de trabajar en el bar, mantenerse cercano a los humanos y su mundo, incluso al intentar formar parte de ellos nunca había negado a su manada. Pero incluso allí nunca había encajado ¿Cierto? Nunca encajaría completamente en ningún sitio, las nornas se lo habían advertido -Viví toda mi vida con la manada, y para cuando me encontré por mi cuenta… la guerra ya había estallado, así que no fue más que viajar en solitario, actuar como un idiota suicida en su mayoría -recordó con una risa -Fue cuando me conociste -asintió -y entonces… sucedieron algunas cosas…un amigo murió, o al menos creí que había muerto. Así que acabé distanciándome totalmente de la OCEU y decidí ayudar a Allison -explicó, incorporándose, necesitando estirar las piernas ahora que comenzaba a recobrar fuerzas. Se veía mucho más vivo, erguido, fuerte, como se suponía que fuera -Ella es la… “líder” de todo esto, quien formó las alianzas entre criaturas, encontró este lugar, nos unió a todos.

—También yo… —dijo más para sí misma, sin mentir. Quiso una vida fuera de todo, todo lo que tuviera que ver con esa existencia sobrenatural, cuando aparentemente su don de muerte le había dejado, cuando su hermano simplemente desapareció de su vida y ella tuvo que desistir de buscarle tras casi un año de investigaciones. Una rara sensación cruzo su pecho, si al menos le hubiese buscado más, entre cielo, mar y tierra… No, Will debía encontrarse con vida. Si ella había dañado a la esposa del general Stevens, esperaba que los captores tuvieran –dudosamente- al menos una pizca de misericordia. La suficiente para seguir entre en ese mundo. Desde un silencio suyo descruzo una pierna para usarla como soporte para su brazo, siguiendo los pasos de Velkan en ese cuarto. Sin duda su historia es bastante de agraz, era raro encontrar esa aura casi imperturbable en él, la forma en que Z le sentía. A veces realmente no sabía si le sobrevaloraba en bondad o su sentido de reconocimiento estaba algo más que malogrado. Muchas veces, cuando encontraba a alguien con esas características levantaban sospechas en ella, pero él… Él sin más era siempre igual. Al escuchar por segunda vez el nombre de Allison la curiosidad regreso a su instinto. Velkan entonces se encargo de apagar algunas con lo que había comenzando a contarle. Z torció los labios y con los ojos entrecerrados consultó: —¿Crees que me aceptará aquí? Digo… —meneó la cabeza, vacilante. Si aquel niño le había gruñido solo por su presencia, ¿qué podía esperar de la líder?. —Estoy invadiendo su refugio, su trabajo, no soy un lobo tampoco y… —enseño sus manos para que entendiera— esto.

-No se refugian aquí sólo licántropos, tú lo has visto. En su mayoría son criaturas que se han cansado de ser cazadas, o no quieren unirse a Samael para servirle como un amo -se encogió de hombros -creo que encajas en la categoría -se incorporó, ya más recuperado -Es… difícil de tratar, pero creo que hay bondad en ella. Ha hecho todo esto ¿Cierto? -le hizo un gesto para que le siguiera -vamos, ya debe de saber que estamos aquí, nos estará esperando -le sonrió levemente para darle ánimos o al menos quitar un poco de ese temor que sentía.

Espetó un gesto vago de sonreírse. Pareciendo que alzaba de sus hombros antes de ponerse de pie, sacudiendo la parte inferior de sus pantalones.

—Eso espero —dijo comenzando a regresar hasta la entrada— no creo tenga ganas de viajar cuatro días más en caso de lo contrario —No, dudaba fuera a ser así, es decir… ¿Por qué le echarían?. Se inclinó tomando su bolso y arma, acomodándolos tras su espalda hasta encontrar el aire fresco del lugar, uno completamente diferente al de la ciudad. Sin duda el mar y la lejanía de la civilización de cemento tenían algo más que beneficios. —Esto es tuyo —le tendió de regreso el frasco una vez se dio cuenta lo tenía bajo su poder, no quería quedárselo por error— Ahora… —su voz se volvió confidencial otra vez, pero acabo quedándose en silencio al contemplarle y pensar ya no era prudente esbozar mayores preguntas, dibujando una de esas sonrisas cordiales que indicaba estaba bajo su disposición por el resto de camino. —Nada, no tiene importancia.

Le miró extrañado pero acabó por encogerse de hombros, sin comprender qué era lo que había estado por decir. No presionó no obstante, sólo le condujo en silencio, descendiendo las escaleras de nuevo, tomando el camino central hasta la sala principal del castillo. Enorme, amplia y casi vacía, con excepción de unas dos brujas paradas cual guardias a los costados. En el centro estaba Allison Cobain, la bruja, sentada cual reina en su trono en el centro de la habitación. Allison era definitivamente una mujer hermosa, por mucho que esa belleza hubiera sufrido más de un maltrato. Tenía aspecto de haber sido despampanante alguna vez, ahora en cambio había un aura sombría a su alrededor. Vestía en negro, perdiéndose sus cabellos azabaches entre la tela de su ropa, y consiguiendo que sus ojos claros centellaran aún con más fuerza. Eran hielo, penetrando y odiando, como dagas. A su lado había otra mujer mucho más arreglada, prácticamente impecable. Su piel también era pálida, sus labios rojos como la sangre, y su ropa era del mismo color, fina, con todo el aspecto de femme fatale. Lucía joven, de la misma edad de Velkan y Allison, o apenas unos años mayor.

-Allison -el muchacho agachó la cabeza en señal de respeto -madre -miró a la otra mujer, siendo evidente su parentezco con ella. -Entonces ¿Hiciste lo que debías hacer? -preguntó su madre con un tono ligeramente venenoso. -Has desaparecido, de nuevo -había un tono levemente acusador en la otra chica, aunque parecía casi angustiada. -Te advertí que tenía cosas que hacer, personales -dio un paso a un lado, dejando sitio a Z para que se acercara -Esta es Z, es una vieja amiga -quizá era demasiado decir “vieja amiga” pero era mejor pintarle tan en confianza como fuera posible.

Su comportamiento fue el mismo a medida que ella era escoltada por él, dedicándose a observar los cimientos de aquel lugar tan impresionante. Intentando imaginar la historia que guardarían todos esos pilares y tierra, no solo entonces sino a lo largo del tiempo, porque claramente parecía poseer demasiado. Le pareció ver a otros habitantes a lo lejos, fuera de allí, dudando que fuera por el interés de su presencia, cosa que agradecía puesto que si bien, hubo un tiempo que le gusto ser el centro de atención, cuando sus comportamientos eran mucho más alocados y juveniles, ahora todo lo que buscaba era pasar lo más bajo perfil que pudiera. Estrechó la mirada hacía los frentes con una desconcertada sensación, cuando sintió otras presencias, casi similar al primer llamado que recibió segundos antes de dejar la embarcación. Una de sus manos se tensó, sintiendo que incluso ardía bajo la cobertura de su guante. Tuvo que abrir y cerrar sus dedos, apretarles en un puño escuchando entonces el diálogo que se dio paso. Quedándose algunos pasos más atrás. Cautelosa.

—De todos, Ziva, de todo tenías que venir a terminar aquí —la voz masculina casi cercana a su oído le hizo girarse de soslayo, encontrando a Eric parado allí, con una sonrisa ladina y de brazos cruzados. —Vista al frente, no querrás que la soberana del lugar piense le ignoras —siseo— De todos modos, sólo tu puedes verme y sentirme por ahora, así que actúa con disimulo —Z se giró, posando sus ojos en Allison y allí se quedó por un par de segundos, luego contempló a la madre de Velkan justo cuando ya estaba hablando. Tuvo la necesidad de preguntarle que diablo estaba haciendo allí al que creía continuaba a su lado, pero apenas observo de soslayo ya nadie estuvo allí. Su nombre a manos de Velkan no obstante le tomo desprevenida, capturando su atención hacia ellos. Limitándose a repetir el gesto que él había hecho antes para saludar. Su mano volvió a quemar, pero ella la escondió en el bolsillo de su sudadera.

-Asuntos personales… -murmuró Allison, descendiendo al suelo para poder dar unos pasos hacia ellos, alzó primero la vista al lobo y le observó con seriedad, para luego sonreír, dándole un abrazo de bienvenida -Me alegra que estés en casa -susurró en su oído, dedicándole una sonrisa que realmente parecía de felicidad, lo que resultaba confuso, teniendo en cuenta lo sombría y temible que parecía. Al apartarse, centró entonces su atención en Ziva, clavando sus ojos de hielo en ella con atención. -Luces nerviosa -observó, entrecerrando sus ojos, había algo acerca de esa chica, casi familiar, algo que alguna vez había reconocido en ella.

A diferencia de otras veces o personas, las cuales eran muy pocas, Z no apartó su mirada de la bruja, al contrario, siguió cada uno de sus pasos hasta que se detuvo para atender a Velkan. Mirando a ambos inicialmente, sólo para entonces apreciar ese pequeño cambio de actitud en Allison. De fría a cordial, de seriedad a esa sonrisa que incluso parecía iluminar ese rostro tallado con los dedos debido a la belleza que ella no ignoro. Se preguntó entonces si eso sería habitual o propiamente tal de alguien que estaba a cargo. A diferencia de la percepción que tenía con Velkan y esa casi inmaculada bondad, con ella la sensación era bastante diferente, pero nada concreto, apenas le estaba conociendo.

—Fue un largo viaje, poca costumbre a presentarme ante autoridades de algún lugar —dijo respondiéndole la mirada, cuando incluso ese mismo color suyo se volvía más cristalino y brillante, latente. —Y la pregunta, no obstante —en ese minuto le dirigió una mirada breve a la madre de Velkan, regresando a la de ojos de hielo— sigue siendo si tendré su aprobación para quedarme aquí.

-Aquí se refugian las criaturas que escapan de la hipocresía y el asesinato de los cazadores -el odio fue visible como fuego en sus ojos. Mínimamente, Allison poseía un fuerte carácter, no era por nada que era la líder de allí, había tal pasión en sus palabras que costaba no ver a sus enemigos con sus mismos ojos. -Y por que nos unimos para acabar con Salomón -agregó Velkan, mirando de reojo a la mujer, quien sonrió, cuando al parecer el muchacho tenía que recordárselo. -Un pequeño estorbo en el camino -respondió, volviendo su mirada a Ziva -¿Tú por qué estás aquí? No puedes esperar que simplemente te reciba sin más. Podrías estar con la OCEU.

—Mis padres eran cazadores, no sé si eso sea un punto a favor o en mi contra para… —¿ti, para usted? Dudo de cómo tratarle— ustedes—sacudió la cabeza, claro que no lo era. Había notado la pasión en su voz, así que antes de ganarse una mirada más fría observo a Velkan, casi evaluando y solicitando su consejo para la siguiente información que pretendía contar. Tenía que ir con cuidado, evaluando sus propios pasos. No podía ir contando a todo el que conociera que había intentando asesinar a la esposa del General. Siempre existía gente interesada en traicionarte, no? Allison tomaba sus precauciones, Z tenía que prever las suyas. —Un integrante de aquella organización les quito la vida tiempo atrás —omitió nombres, pero eso no evitó que el calor en su mano se hiciera más latente, a fuego— y causa de ello también perdí a mi único hermano. —Aparto la mirada, con un suspiro cabizbajo. Will no era un tema fácil, jamás lo sería sin importar el tiempo —No sé si aún este con vida, pero lo que sí sé, es que no puedo formar parte de una organización donde mi mayor enemigo se cobija. ¿Quieres dudar de mí? —Extendió sus brazos a los costados de su cuerpo, sin nada que esconder referente a ese tema— ¿necesitas pruebas? —alzo las cejas, dando una negación de su cabeza —Estoy segura podrías acabar conmigo incluso antes de que intente traicionarte.

Allison le observó con atención, escuchando sus palabras, alzando levemente el mentón.

-Cazadores intentaron matarme cuando era una bebé, me envenenaron. Prometieron protegerme e hicieron nada mientras era enterrada viva y luego violada, no intentaron ayudarme cuando era torturada -hablaba sin llorar, Allison ya no lloraba, el dolor y el rencor le habían endurecido, pero estos estaban allí, marcando su rostro, arrebatándole su belleza -Tenemos un enemigo en común -dibujó una sonrisa en sus labios, tomando el brazo de Ziva antes de que pudiera apartarse -No temas, no puedes herirme. Alguna vez fuimos lo mismo -dijo, referente a sus poderes. Eso era lo que veía familiar en ella, esa mirada de quien posee un toque mortal, manteniendo distancia segura de todos, con las muertes pesando sobre sus hombros -el fuego no puede matar al fuego.

No pudo ocultar ni un ápice el asombro que la confesión le provoco, por un momento dejo de lado sus propios miedos y dolencias, las heridas que portaba consigo para enfocarse ciegamente en la mujer frente ella. Algo surco su pecho, un vació y desconsuelo que Allison jamás demostró. ¿Hablaba de daños? A ojos de Z solo parecía que estuviera refiriéndose al clima de aquel día, sin emociones de por medio. Hielo, sin temor a la duda era un tempano de hielo en todo su esplendor. Sus labios titubearon, transpirando frio al tenerle tan cerca cuando apenas alcanzó a darse cuenta de su brazo enlazado al suyo. Con algo de torpeza deslizó sus ojos a la unión, contrastando el negro de su ropa elegante contra su simple chaqueta de cuero marrón. Luego simplemente elevó su rostro para estudiar cada facción suya. Era extraño intentar saber cómo se sentía.

—¿Cómo es qué…? —inclinó su rostro con los ojos entornados, volviendo a fijarse en sus manos desnudas que, a diferencia de ella, no necesitaban de guantes para no asesinar a otros por el solo hecho de tocarles.

-Me liberé de mis cadenas hace tiempo -explicó, refiriéndose a cómo había sacrificado casi la totalidad de sus poderes, para así liberarse de su padre. Aprendiendo a controlar los pocos que le quedaban, volcándose en las artes antiguas que aparecieron como su pasaje a la libertad, fuera de la opresión de otros -Tenía el mismo poder que tú Ziva, deja una marca en tus ojos, en como te mueves en el mundo -alzó la vista hacia Velkan que las observaba con el ceño fruncido. Sus ojos se habían empañado levemente al oír a Allison hablar de lo que había sufrido. Nunca había escuchado acerca de aquello, podía ver su dolor, y siempre se había preguntado, pero no conocía la historia. -Eres bienvenida a quedarte tanto como desees Ziva -acarició su mejilla con un gesto casi maternal, sonriendo, antes de apartarse -Encuéntrale una habitación Velkan -ordenó, pasando junto al muchacho para regresar a su asiento, donde Jezebel les observaba con desconfianza. -¿Es sabio…? -se inclinó a susurrar en su oído, cual serpiente venenosa. -Es mi decisión -Allison le dedicó una mirada dura que dejaba en claro quién estaba a cargo allí y por qué.

El atractivo de mano al interés por sus palabras brillo en sus ojos, porque… Si Allison había tenido la misma maldición/don, significaba que remotamente existía alguna oportunidad para ella. Quizá no había punto de comparación entre ambas, sólo coincidencia de habilidad, pero aún así, ¿qué más daba? Podría buscar su modo de torcerle la mano a ese toque de muerte, volverlo a uno menos dañino y más provechoso. Jamás le había querido ver de ese modo, pero… si iba a tenerle consigo, entonces podía aceptarle y traerlo a su favor o acabar por consumirse entre cuerpos, pérdidas y soledad. Bien, estaba pensando bajo el alero de un desconcertante pensamiento. Cabeza fría Z, pensó. Su acaricia de todos modos le dejo pegada al suelo, casi había olvidado lo que era un gesto como ese. Miró por última vez y de cerca esos ojos claros, viéndole poco después y tras las palabras a Velkan regresar a su lugar bajo el prestigio de sus pasos y esas vestimentas. Z tuvo el deseo de pasar sus propios dedos sobre su piel, pero entonces lo último que deseaba era pasar ese cuero de dedos contra su mejilla.

—Realmente lo agradezco —de frente a ella inclinó su rostro, bajando la mirada. Claramente su charla con ella no quedaría allí, al contrario, tenía esa emoción internar de reiniciarla cuanto antes. Era Allison quien parecía entonces volverse su nueva mentora en esa área, prácticamente fuera de su propia razón. Miró a Velkan entonces, disponiéndose a seguirle una vez más, dando una última mirada lateral en dirección a las féminas. —Eso fue intensó —comentó casi al aire, con los ojos muy abiertos pero con una sonrisa también.

 

velkanvh:


Honestamente el estado de salud de Velkan no era el mejor, pero era un muchacho fuerte, un lobo nacido para ser alfa. Podría estar muriéndose por dentro, sufriendo un dolor agonizante, pero mantendría el mentón en alto y la compostura firme. Orgullo simplemente quizá. Mestizo o no mestizo, siempre sería un lobo orgulloso. Así que fuera de que ambas mitades de él lucharan en su interior, mantuvo su aflicción oculta y marchó al encuentro de Z, parecía que necesitaba algo urgente, sabía que no le contactaría de otro modo, incluso en peligro de muerte no había querido aceptar su ayuda, fuera lo que fuera debería de ser importante, o terrible quizá. 
El sitio no era precisamente un hotel de lujo, de hecho ni siquiera era tal, sólo una de las muchas casas en ruinas luego de la guerra, reducida a unas paredes chamuscadas que por poco se mantenían en pie, marcadas de agujeros de bala y bocados arrancados por explosiones que dejaban una ventana improvisada a la noche clara que había en aquella ocasión. Los ojos de Velkan se alzaron a la luna y los mantuvo allí, rezando en silencio a Arianrhod, la diosa que su clan veneraba, para que le mantuviera vivo, sólo eso pedía, continuar vivo, no abandonar a los que contaban con él. Un sonido le hizo bajar la vista, pero no se alarmó, sabía que Ziva estaba allí. 
-Soy yo -se anunció para que no entrara en alerta ella tampoco.
Estaba sentada sobre un trozo de roca, por detrás de los muros alzados de aquella improvisada habitación con suelo de tierra, donde apenas las ramas de un viejo árbol cubrían en lo alto y la luz de la preciosa luna iluminaba vagamente. Golpeteaba el borde de sus rodillas con la yema de sus dedos, tamborileando distraída a la espera de Velkan. Incapaz de perder esa sensación asfixiante de nerviosismo jalando de su cordura. Había dudado hasta el último de los segundos, lo hacía aún con respecto a recurrir a él, o a cualquiera, sólo que en esos entonces su lista de conocidos realmente confiables se había limitado a una sola persona, precisamente al mismo que esperaba. No sabía sobre Will, lo última información a su favor la había obtenido una semana atrás, justo el mismo día que ella tuvo que poner en marcha su plan de ataque para salvar su vida y, de todos modos, le había fallado. No queriendo pensar en las peores opciones se puso de pie, gruñendo para sí misma sin darse cuenta que pisaba una rama de árbol y quebrantaba el silencio. Sólo entonces la voz de él le hizo darse cuenta que ya no estaba sola. Era incluso extraño escuchar palabras en otro tono que no fuera el suyo, mentalmente hablando. 
—Velkan… —Casi como si hubiese esperado por él toda una eternidad se asomo, encontrándole. Parecía que una sonrisa sincera y con algo de libertad robaba lugar en sus labios, en su mirada. Le contempló un momento, casi examinando fuera real. Z parpadeó un par de veces, asomando un poco más a la luz. —Lamento el abrupto y repentino modo de volver a encontrarnos —musito, tomado los puños de su chaqueta, cruzando de sus brazos.
-Está bien -asintió con la cabeza restándole importancia, mirando sobre su hombro para vigilar la carretera a través de uno de las ventanas con sus cortinas desgarradas ondeando en el viento. Aquel sitio era realmente lúgubre, pero agradecía lúgubre si era seguro, al menos más seguro que estar expuestos en el exterior -Esta zona no es segura, no deberíamos quedarnos demasiado tiempo aquí -murmuró, con sus sentidos alerta en caso de que oyera algo -¿Qué sucedió? Sonaba urgente -inquirió, volviéndose hacia ella, sin desperdiciar tiempo en darle vueltas al asunto.
Z entrecerró los ojos, casi sorprendida de considerar él pensara si quiera llevarle consigo. Más bien y a esas alturas, asumía por inercia que cuando esa charla finiquitará todo lo que tendría sería a un enemigo más queriendo entregarle sin miedo a las exageraciones. 
—Descuida, llevo dos días aquí y ni un alma ha transitado —comentó notando se mantenía en guardia, tal como ella había pasado su primera noche allí. —Está completamente desolado —Como mi nueva vida, agrego en sus pensamientos. Suspirando cancinamente. Comenzaba sentir como los músculos de sus hombros se templaban, como la boca se le secaba y las manos le sudaban. Existía una sola forma de explicar las cosas, de aclarar la verdadera urgencia y, claramente, no le era cómodo. Ella le mantuvo la mirada, un par de segundos, eso hasta que sus ojos descendieron y observaron la punta de su calzado cubierto de polvo. —Antes que todo, necesito me prometas que todo lo que pase a rebelarte sólo quedará aquí, entre nosotros. Como nuestro secreto por esa pequeña alianza que formamos cuando nos conocimos. Y qué… —la voz le tembló, pero ella largo otro suspiro cerrando los ojos antes de proseguir— y que si ya no deseas ayudarme, al menos me darás la ventaja de escapar. —Tardo otro segundo en lentamente y casi temerosamente alzar sus ojos hacía él.
El joven lobo entrecerró sus ojos, especialmente luego de la última petición ¿Darle ventaja de escapar? ¿Qué era tan terrible que pudiera hacer que él, de todas las personas, quisiera atacarle o algo similar? No era precisamente un ejemplo a seguir. A él era a quien debían de darle caza en realidad. 
-Créeme… luego de lo que he visto -forzó una sonrisa -Tienes un arduo trabajo superándolo -especialmente por que él causaba esos horrores. Volvió a mirar hacia la ventana y luego se descolgó la mochila de viaje, confiando en que tal como ella había dicho, no pasara ni un alma por allí. Estaba agotado, necesitaba sentarse, de lo contrario si de hecho pasaba un alma, no tendría fuerzas de enfrentarles. Se sentó en unos escalones de madera que alguna vez habían llevado al piso superior, ahora no eran más que madera astillada en la parte superior. -¿Qué es? -insistió, sin demasiada paciencia como para continuar insistiendo con aquello -No voy a atacarte Ziva, no lo hice antes ¿Cierto? Tú y yo… no somos nadie para juzgar al otro -negó con la cabeza, mirando pensativo sus manos maltratadas por el intemperie y la batalla. Su ejército no utilizaba realmente armas, eran inútiles, les causaban más molestias que ayuda. Sus armas eran aquellas, garras y dientes.
Dio una exhalación, profunda y dedicada más para animarse que para cambiar el aire de sus pulmones. Quizá más allá del evidente hecho, por el cual no sentía orgullo, Z temía a ser vista como una posible asesina a los ojos del muchacho, pero las últimas palabras de Velkan le hicieron quitarse cualquier tipo de pensamientos. Con la pesadumbre comenzó a explicarse. 
—¿Conoces a la esposa de Stevens? —siseo retrocediendo tres pasos, recargándose en la pared con los hombros caídos y la mirada fija en un punto muerto. —Hablo de Layla Lake —dijo más por recalcarse asimismo ese nombre, no pudiendo evitar en parte la culpa pero también el cólera. ¿En qué punto su vida había comenzado a destrozarse por culpa de un nombre o de plano la figura de aquella mujer haciendo eco? —Me contrataron, de alguna forma –hizo un breve silencio, no podía denominarle “trabajo” a un chantaje para mantener la vida de su propio hermano a salvo. Con sólo recordar a Will sintió un escalofrió sacudirle la espalda. Ella tragó amargamente— para quitarle del mapa. Literalmente. —Sonrió sin verdaderamente hacerlo, solo un gesto a causa de la encrucijada donde se encontraba. —Hace un par de días la ataque de gravedad cuando regresaba de unas compras, por poco casi le quitó la vida a manos de una ballesta, Velkan —se paso una mano sobre el rostro, silenciándose. 
-No estás orgullosa de ello -observó con calma, no empezaría a gritar acusaciones, vivía rodeado de lo que muchos llamarían asesinos y monstruos, sabía mejor, sabía escuchar y luego decidir qué era lo que creía que era correcto -¿Por qué accediste? -preguntó alzando la mirada a ella -Suenas enfadada hacia ella, pero no suenas feliz con la idea de casi haberla asesinado. Evaluaba sus actitudes, aunque sabía que sin importar lo que él creyera, la OCEU querría su cabeza, o al menos el general. No les conocía más que a la distancia, había cruzado en una ocasión unas palabras con Joshiel, pero esas le habían bastado para saber que era la clase de hombre que buscaría venganza contra cualquiera que lastimara a su familia. Se lo había advertido cuando él saliera en una misión con Adam.
Z no supo responder a su mirada, apartándola antes de siquiera poder encontrar la suya. En el silencio le escuchó atentamente, teniendo demasiado latente la respuesta. Con sólo pensarlo sus ojos comenzaron arder y ella necesito de algo más que aire frío. Acabo alejándose de la pared hasta encontrar uno de los huecos al exterior, recargando su mano izquierda y libre de guantes en lo que podría ser el marco imaginario de una ventana inexistente. 
—Por lo que era mi familia —dijo con un nudo en la garganta. Las imágenes del pasado no tardaron en llegar hasta sus remembranzas; viendo a su padre sonreír, a su madre abrazada de él mientras les observaba a jugar en medio de un inmenso campo verde con un cielo azul. Will jugaba a alcanzarle, su propia yo corría feliz; saltando y gritando. Lamentablemente la brisa nocturna le trajo de regreso, todo ese panorama de familia feliz no fue más que reemplazado por una derruida construcción. —Ella acabo con mi padre, quitándole la vida de una forma desgarradora e inhumana. Mi madre le siguió luego, no pudiendo soportar la perdida se suicido colgándose desde una de las vigas de nuestra casa de aquel entonces. Yo fui quien la encontró… —se humedeció los labios, sintiendo como el inferior le temblaba, como las lágrimas buscaban tomar lugar, pero Z carraspeando pasó de alguna forma de ellas. —¡Yo tenía una familia! —su voz sonó herida y tajante, entre dientes, manando odio pero también rencor hacía ella misma por su cobardía o exceso de humanidad para si quiera sentir compasión. —Y… y no pude, simplemente no pude matarle porque conocí a sus hijos. No podía darles la misma vida que ella me otorgó a mí. A mí y a mi hermano, quién probablemente se encuentre muerto por yo le fallé. Tal como le fallé a mi padre.
Velkan le observó con cierta pena, pero se la guardó para si mismo, la pena podía resultar para muchos insultante. Era quizá compasión más bien, por escuchar su historia. Él había perdido su mundo cuando su padre le había echado de la manada…el pensar en que le perdiera definitivamente le causaba escalofríos, o a su madre. 
-¿Ella les asesinó? -arrugó el ceño, había oído a Allison hablar barbaridades de la OCEU, gritar cuanto les odiaba, llamarles asesinos, pero nunca habían sido más que las quejas de una mujer cegada de odio. Aquello era una confesión completamente verídica, y aún así resultaba difícil de creer -¿Por qué? ¿No se supone que la OCEU defiende a las personas? No creo que la esposa del general vaya simplemente matando gente. Es decir… -si Z lo decía debería de ser cierto, pero no le hallaba sentido.
—Yeah… —Z pasó el dorso de su mano sobre su boca, pareciendo que ahora simplemente era ella quien le ponía fin al tema bruscamente, casi decepcionada. Girándose para enfrentarle con un deje agrio en su mirada extendió sus brazos a los costados —No estoy segura. Quizá deba regresar hasta ella y preguntárselo, no crees? —dijo con cierta ironía. —No sé… preguntarle por qué decidió matar a mi padre y si le pareció divertido acabar con una familia. Puede que de ese modo y si salgo con vida, claro, siempre y cuando los franceses no me asesinen primero responda a tus dudas. —Z negó cerrando sus manos en puños— ¿Qué piensas Velkan? ¿Qué vendría hasta aquí, pidiendo de tu ayuda cuando casi acabe con una mujer, cuándo ahora tengo todo un ejército que apenas sepa lo que hice se me vendrá encima?. Mira… —enseño las palmas de sus manos, más para intentar mantener calma a esas alturas. —si la OCEU o ellos son importante para ti, o si esto va contra la fidelidad que posees, bien, gran error mío por recurrir a ti. Y lo pagaré, sí, estoy segura de eso —sonrió con desazón— pero no necesito cuestiones lo que le ha pasado a mi familia. En serio, no lo necesito ahora. En fin, prometiste me darías una ventaja. Deja que tome mis cosas, al menos cinco minutos y luego… Luego solo realiza lo que debas hacer. —Dijo para perderse y efecto alcanzar su bolso. 
-No estoy juzgándote Z, ni te estoy cuestionando, cálmate, no soy parte de la OCEU, sólo intento comprender qué sucedió. Si fuera tú habría buscado primero respuestas y luego venganza -admitió, explicando el por qué de su pregunta -Vamos, detente -pidió, manteniéndose en su sitio, consciente de que probablemente podría matarle de un toque, quizá no, no era humano, pero no era un riesgo que fuera a correr sólo por tomarle del brazo -¿Quieres saber lo que yo he escuchado? He escuchado a una chica que perdió a su familia a manos de una mujer, que se vio obligada a actuar en esa venganza para proteger a su hermano. Probablemente había una parte de ti, grande o pequeña que lo deseaba, pero no lo hiciste. Tú fuiste mejor que ella, viste a sus hijos y no apretaste el gatillo. Esa es la historia que he escuchado -dijo con sinceridad, honestamente la de Z aún si hubiera matado a Layla a causa de odio, era mucho más perdonable que su futuro, matando a un amigo -No creo que merezcas que te entregue a ellos… -negó con la cabeza, acabando por encogerse de hombros -podrías venir con nosotros, te protegeríamos.
—¿Y acaso piensas que no lo hice? —se detuvo para enfrentarle con los ojos entrecerrados, sin embargo su tono fue mucho más cabizbajo. —¿Piensas que sólo dije: Ok, ella mato a mi padre y destrozo a mi familia, yo sólo le voy a devolver la moneda y la asesinaré por qué no tengo nada mejor qué hacer? ¿Por qué esa fue la enseñanza que mis padres me otorgaron, actuar sin evaluar consecuencias? He venido pensando en esto cada noche desde que mi padre dejo de acompañarnos, Velkan, desde que vi la muerte en los ojos de mi madre perdiendo la vida día a día, desde que mi hermano tuvo que asumir el cuidarme sin importar que eso le costara dejar de vivir su propia vida, incluso cuando yo podría haberle matado por la necesidad de una muestra de afecto con sólo tocarle. —Suspiro, liberando la correa de su bolso para que este regresara al suelo, cediendo. Se tomo un momento para tragar todo ese tormento. Z pocas veces perdía la calma, procuraba el noventa y nueve por ciento del tiempo no desquitarse con el resto de las personas. La vida era así, difícil día a día, lo era para todos. Desde su lugar le dedico una mirada, mezcla de pedirle disculpa por ese momento descarriado y de desconsuelo. No mucho después se acuclillo al lado de su bolso, rebuscando en uno de los bolsillos su juego de guantes de cuero marrón con un tipo de habilidad que le permitía tocar sin matar. Un hechizo. Era lo mejor que podía hacer necesitando distraerse. —¿Por qué tendrías que hacerlo? —le miró de soslayo de acuerdo a su último ofrecimiento. Encontrando lo que buscaba los separo y puso cada uno en la respectiva mano; jalándole, abriendo y cerrando de sus dedos para acomodarles sin un mayor afán. —¿Hasta cuándo los tuyos querrán prestarme su apoyo? Soy consciente que las mentiras caen primero y a prisa, una vez sepan lo que puedo hacer con estás manos o el peligro que les echaré encima por tu decisión de ser amable conmigo, no voy a ser sólo yo quien se encuentre en problemas. Y no sé si quiera que lidies con eso. 
-Ziva -llamó su atención manteniendo esa calma, estaba demasiado agotado para discutir -Estas poniéndote a la defensiva nuevamente. Yo no soy el enemigo -le recordó cuando perdió la compostura momentáneamente, pero fue ella misma quien se regresó a la línea de la calma. Y él no dijo nada más al respecto. -Por que es lo que hacemos. Podrías decir que somos parias de la sociedad -rodó los ojos -Criaturas sobrenaturales, gente con poderes, que los demás creen peligrosos e intentan matar -se encogió de hombros, al menos ese era el modo en que veía a su ejército. No eran una ola de monstruos queriendo matar a todos eran personas, algunos malditos, otros simplemente con mala imagen -La mayoría entendemos por lo que has pasado. No van a entregarte a la OCEU, no hacemos eso, nos protegemos entre nosotros -quizá él lo veía demasiado idealista. Quizá ese era el modo en que deseaba que fueran, pero en su mayoría eran criaturas dañadas, que habían sufrido mucho, y sin importar sus intenciones, seguían siendo criaturas de oscuridad, y la oscuridad les llamaba, la sangre, el lado salvaje.
Ella suspiro antes de reincorporarse, dando un suave asentimiento para demostrarle que su postura y actitud no estaban del lado de buscar discusiones. No tenía sentido, no con él. Velkan había venido para ayudarle sin siquiera buscar negarse, y seguía allí pese a lo que acababa de contarle, escuchándole, ofreciéndole un nuevo camino para de algún modo iniciar una vida. ¿Para bien o para mal? Solo el tiempo tenía esa respuesta. —No dudo de tu gente, Velkan. En lo absoluto. Ni siquiera tengo esa opción a mi alcance considerando lo que me estás ofreciendo. De alguna forma yo… Confió en ti. Lo hice a pesar de mi actitud la primera vez que nos vimos, e incluso tú también confiaste en mí, supongo —alzo sus hombros— y, ahora que vuelvo a observarte, eso no cambia ni un ápice. Sé que no es mucho el tiempo de conocernos, algo que en verdad lamento —confeso. Pocas personas a lo largo de su vida habían terminado siendo como él, por donde se le mirara Z sólo encontraba rasgos de una buena aura. Sus ojos, aún bajo el cansancio lo irradiaban. Y especialmente a ella le causaba sorpresa que, incluso con el panorama actual de ese mundo él pudiera verse así; como un chico puro. —¿En verdad crees que podría serte de ayuda? Porque no voy a permanecer de brazos cruzados. Tengo un don —alzo sus manos enguantadas— ¿recuerdas? Oh, y descuida, mientras los use —dijo refiriéndose a los guantes— no importa a cuantos toque, nadie muere. 
-Mira… -inspiró aire, apartando la mirada hacia la ventana, controlando cada tanto como de costumbre -Hagamos lo siguiente, vienes conmigo, vamos a Bannerman donde están los míos, descansas una noche, y entonces decides lo que quieres hacer ¿Hecho? -no quería comprometerle a meterse en una guerra si no era lo que quería. Observó entonces los guantes que había tomado por guantes regulares. -Eso es bastante útil, felicidades -sonrió con cansancio. Sabía que Z debería de sufrir mucho a causa de su don, por lo que suponía que tener unos guantes así eran algo cerca de un milagro.
Z le miró con el gesto sesgado y luego, casi fuera de lugar sonrió. 
—Okay Velkan, voy contigo, paso una noche allí, descanso —decía prácticamente repitiendo ya lo dicho por él, sólo que la simpatía asomaba en su voz— y si a la mañana siguiente ya no te encuentras nervioso por mi compañía me quedaré. Y si, te prometería no volver a besarte porque seguramente ya una próxima vez no irás a mi ayuda, pero lo siento… —se encogió de hombros torciendo los labios, como si realmente esa fuera una tarea difícil— no puedo prometerte cosas imposibles. —Acabo por decir con una egolatría impropia, una que resultaba ser más de la vieja Ziva, pero necesitaba darle aunque fuera por segundos un ambiente menos denso. —Vamos, —le dio un golpecito en el hombro, demostrándole que lo había tocado y él seguía tan vivo como antes—no hagas que me vuelva depresiva por tu criptica seriedad. Son malos tiempos, lo sé, pero si no sonríes tendré que recurrir al plan b. 
El lobo alzó la cabeza con sorpresa y luego acabó por soltar una risa algo leve, negando. No podía llamársele precisamente una risa abierta y relajada, no tenía muchas de esas desde Michigan, todo se iba en picada desde allí, las nornas, el abandonar a Sage, Allison, el encontrarse con su tío. No obstante, honestamente agradecía el humor, necesitaba algo de eso con todo el caos que tenía en su cabeza. 
-Temo preguntar cuál es el plan B -se incorporó, tomando su mochila. Ya estaba decidido se iría con él.
—Tienes el gesto de un chico inocente —decía inclinándose a recoger su mochila y ballesta, colgando ambas en su espalda. Primero su bolso debido al peso con un tirante sobre sus hombros, luego su arma con una correa de cuero en su extremidad derecha. Era mejor siempre tenerla a mano debido a los imprevistos. Si iban a emprender viaje, era mejor poner de su parte y estar tan atenta como él para el resto de camino. —Créeme, no querrás saber en qué consiste ese plan B —le guiñó un ojo, sonando toda enigmática cuando únicamente se trataba de un ataque de cosquillas. Pero claro, Velkan no tenía porque saberlo. —No por ahora —añadió comenzando a caminar fuera de allí, pero sin tomar ventaja alguna. Apenas dejo las paredes derruidas espero por él, dándole una mirada al cielo de esa noche.
Abrió la boca como para decir algo, arrugando el ceño, claramente Z se divertía a costa de él desde la primera vez. Se resignó y acabó por ladear una leve sonrisa algo desganada, acomodándose la mochila y saliendo tras ella. 
-Vamos de una vez señorita graciosa -dijo al llegar a su lado, mirando hacia el camino absolutamente desierto. Honestamente le desganaba pensar en todo lo que les esperaba para recorrer, no muy seguro de si tendría las fuerzas -tenemos un largo camino hasta Nueva York, será mejor que consigamos un vehículo. 

velkanvh:

Honestamente el estado de salud de Velkan no era el mejor, pero era un muchacho fuerte, un lobo nacido para ser alfa. Podría estar muriéndose por dentro, sufriendo un dolor agonizante, pero mantendría el mentón en alto y la compostura firme. Orgullo simplemente quizá. Mestizo o no mestizo, siempre sería un lobo orgulloso. Así que fuera de que ambas mitades de él lucharan en su interior, mantuvo su aflicción oculta y marchó al encuentro de Z, parecía que necesitaba algo urgente, sabía que no le contactaría de otro modo, incluso en peligro de muerte no había querido aceptar su ayuda, fuera lo que fuera debería de ser importante, o terrible quizá. 

El sitio no era precisamente un hotel de lujo, de hecho ni siquiera era tal, sólo una de las muchas casas en ruinas luego de la guerra, reducida a unas paredes chamuscadas que por poco se mantenían en pie, marcadas de agujeros de bala y bocados arrancados por explosiones que dejaban una ventana improvisada a la noche clara que había en aquella ocasión. Los ojos de Velkan se alzaron a la luna y los mantuvo allí, rezando en silencio a Arianrhod, la diosa que su clan veneraba, para que le mantuviera vivo, sólo eso pedía, continuar vivo, no abandonar a los que contaban con él. Un sonido le hizo bajar la vista, pero no se alarmó, sabía que Ziva estaba allí. 

-Soy yo -se anunció para que no entrara en alerta ella tampoco.

Estaba sentada sobre un trozo de roca, por detrás de los muros alzados de aquella improvisada habitación con suelo de tierra, donde apenas las ramas de un viejo árbol cubrían en lo alto y la luz de la preciosa luna iluminaba vagamente. Golpeteaba el borde de sus rodillas con la yema de sus dedos, tamborileando distraída a la espera de Velkan. Incapaz de perder esa sensación asfixiante de nerviosismo jalando de su cordura. Había dudado hasta el último de los segundos, lo hacía aún con respecto a recurrir a él, o a cualquiera, sólo que en esos entonces su lista de conocidos realmente confiables se había limitado a una sola persona, precisamente al mismo que esperaba. No sabía sobre Will, lo última información a su favor la había obtenido una semana atrás, justo el mismo día que ella tuvo que poner en marcha su plan de ataque para salvar su vida y, de todos modos, le había fallado. No queriendo pensar en las peores opciones se puso de pie, gruñendo para sí misma sin darse cuenta que pisaba una rama de árbol y quebrantaba el silencio. Sólo entonces la voz de él le hizo darse cuenta que ya no estaba sola. Era incluso extraño escuchar palabras en otro tono que no fuera el suyo, mentalmente hablando. 

—Velkan… —Casi como si hubiese esperado por él toda una eternidad se asomo, encontrándole. Parecía que una sonrisa sincera y con algo de libertad robaba lugar en sus labios, en su mirada. Le contempló un momento, casi examinando fuera real. Z parpadeó un par de veces, asomando un poco más a la luz. —Lamento el abrupto y repentino modo de volver a encontrarnos —musito, tomado los puños de su chaqueta, cruzando de sus brazos.

-Está bien -asintió con la cabeza restándole importancia, mirando sobre su hombro para vigilar la carretera a través de uno de las ventanas con sus cortinas desgarradas ondeando en el viento. Aquel sitio era realmente lúgubre, pero agradecía lúgubre si era seguro, al menos más seguro que estar expuestos en el exterior -Esta zona no es segura, no deberíamos quedarnos demasiado tiempo aquí -murmuró, con sus sentidos alerta en caso de que oyera algo -¿Qué sucedió? Sonaba urgente -inquirió, volviéndose hacia ella, sin desperdiciar tiempo en darle vueltas al asunto.

Z entrecerró los ojos, casi sorprendida de considerar él pensara si quiera llevarle consigo. Más bien y a esas alturas, asumía por inercia que cuando esa charla finiquitará todo lo que tendría sería a un enemigo más queriendo entregarle sin miedo a las exageraciones. 

—Descuida, llevo dos días aquí y ni un alma ha transitado —comentó notando se mantenía en guardia, tal como ella había pasado su primera noche allí. —Está completamente desolado —Como mi nueva vida, agrego en sus pensamientos. Suspirando cancinamente. Comenzaba sentir como los músculos de sus hombros se templaban, como la boca se le secaba y las manos le sudaban. Existía una sola forma de explicar las cosas, de aclarar la verdadera urgencia y, claramente, no le era cómodo. Ella le mantuvo la mirada, un par de segundos, eso hasta que sus ojos descendieron y observaron la punta de su calzado cubierto de polvo. —Antes que todo, necesito me prometas que todo lo que pase a rebelarte sólo quedará aquí, entre nosotros. Como nuestro secreto por esa pequeña alianza que formamos cuando nos conocimos. Y qué… —la voz le tembló, pero ella largo otro suspiro cerrando los ojos antes de proseguir— y que si ya no deseas ayudarme, al menos me darás la ventaja de escapar. —Tardo otro segundo en lentamente y casi temerosamente alzar sus ojos hacía él.

El joven lobo entrecerró sus ojos, especialmente luego de la última petición ¿Darle ventaja de escapar? ¿Qué era tan terrible que pudiera hacer que él, de todas las personas, quisiera atacarle o algo similar? No era precisamente un ejemplo a seguir. A él era a quien debían de darle caza en realidad. 

-Créeme… luego de lo que he visto -forzó una sonrisa -Tienes un arduo trabajo superándolo -especialmente por que él causaba esos horrores. Volvió a mirar hacia la ventana y luego se descolgó la mochila de viaje, confiando en que tal como ella había dicho, no pasara ni un alma por allí. Estaba agotado, necesitaba sentarse, de lo contrario si de hecho pasaba un alma, no tendría fuerzas de enfrentarles. Se sentó en unos escalones de madera que alguna vez habían llevado al piso superior, ahora no eran más que madera astillada en la parte superior. -¿Qué es? -insistió, sin demasiada paciencia como para continuar insistiendo con aquello -No voy a atacarte Ziva, no lo hice antes ¿Cierto? Tú y yo… no somos nadie para juzgar al otro -negó con la cabeza, mirando pensativo sus manos maltratadas por el intemperie y la batalla. Su ejército no utilizaba realmente armas, eran inútiles, les causaban más molestias que ayuda. Sus armas eran aquellas, garras y dientes.

Dio una exhalación, profunda y dedicada más para animarse que para cambiar el aire de sus pulmones. Quizá más allá del evidente hecho, por el cual no sentía orgullo, Z temía a ser vista como una posible asesina a los ojos del muchacho, pero las últimas palabras de Velkan le hicieron quitarse cualquier tipo de pensamientos. Con la pesadumbre comenzó a explicarse. 

—¿Conoces a la esposa de Stevens? —siseo retrocediendo tres pasos, recargándose en la pared con los hombros caídos y la mirada fija en un punto muerto. —Hablo de Layla Lake —dijo más por recalcarse asimismo ese nombre, no pudiendo evitar en parte la culpa pero también el cólera. ¿En qué punto su vida había comenzado a destrozarse por culpa de un nombre o de plano la figura de aquella mujer haciendo eco? —Me contrataron, de alguna forma –hizo un breve silencio, no podía denominarle “trabajo” a un chantaje para mantener la vida de su propio hermano a salvo. Con sólo recordar a Will sintió un escalofrió sacudirle la espalda. Ella tragó amargamente— para quitarle del mapa. Literalmente. —Sonrió sin verdaderamente hacerlo, solo un gesto a causa de la encrucijada donde se encontraba. —Hace un par de días la ataque de gravedad cuando regresaba de unas compras, por poco casi le quitó la vida a manos de una ballesta, Velkan —se paso una mano sobre el rostro, silenciándose. 

-No estás orgullosa de ello -observó con calma, no empezaría a gritar acusaciones, vivía rodeado de lo que muchos llamarían asesinos y monstruos, sabía mejor, sabía escuchar y luego decidir qué era lo que creía que era correcto -¿Por qué accediste? -preguntó alzando la mirada a ella -Suenas enfadada hacia ella, pero no suenas feliz con la idea de casi haberla asesinado. Evaluaba sus actitudes, aunque sabía que sin importar lo que él creyera, la OCEU querría su cabeza, o al menos el general. No les conocía más que a la distancia, había cruzado en una ocasión unas palabras con Joshiel, pero esas le habían bastado para saber que era la clase de hombre que buscaría venganza contra cualquiera que lastimara a su familia. Se lo había advertido cuando él saliera en una misión con Adam.

Z no supo responder a su mirada, apartándola antes de siquiera poder encontrar la suya. En el silencio le escuchó atentamente, teniendo demasiado latente la respuesta. Con sólo pensarlo sus ojos comenzaron arder y ella necesito de algo más que aire frío. Acabo alejándose de la pared hasta encontrar uno de los huecos al exterior, recargando su mano izquierda y libre de guantes en lo que podría ser el marco imaginario de una ventana inexistente. 

—Por lo que era mi familia —dijo con un nudo en la garganta. Las imágenes del pasado no tardaron en llegar hasta sus remembranzas; viendo a su padre sonreír, a su madre abrazada de él mientras les observaba a jugar en medio de un inmenso campo verde con un cielo azul. Will jugaba a alcanzarle, su propia yo corría feliz; saltando y gritando. Lamentablemente la brisa nocturna le trajo de regreso, todo ese panorama de familia feliz no fue más que reemplazado por una derruida construcción. —Ella acabo con mi padre, quitándole la vida de una forma desgarradora e inhumana. Mi madre le siguió luego, no pudiendo soportar la perdida se suicido colgándose desde una de las vigas de nuestra casa de aquel entonces. Yo fui quien la encontró… —se humedeció los labios, sintiendo como el inferior le temblaba, como las lágrimas buscaban tomar lugar, pero Z carraspeando pasó de alguna forma de ellas. —¡Yo tenía una familia! —su voz sonó herida y tajante, entre dientes, manando odio pero también rencor hacía ella misma por su cobardía o exceso de humanidad para si quiera sentir compasión. —Y… y no pude, simplemente no pude matarle porque conocí a sus hijos. No podía darles la misma vida que ella me otorgó a mí. A mí y a mi hermano, quién probablemente se encuentre muerto por yo le fallé. Tal como le fallé a mi padre.

Velkan le observó con cierta pena, pero se la guardó para si mismo, la pena podía resultar para muchos insultante. Era quizá compasión más bien, por escuchar su historia. Él había perdido su mundo cuando su padre le había echado de la manada…el pensar en que le perdiera definitivamente le causaba escalofríos, o a su madre. 

-¿Ella les asesinó? -arrugó el ceño, había oído a Allison hablar barbaridades de la OCEU, gritar cuanto les odiaba, llamarles asesinos, pero nunca habían sido más que las quejas de una mujer cegada de odio. Aquello era una confesión completamente verídica, y aún así resultaba difícil de creer -¿Por qué? ¿No se supone que la OCEU defiende a las personas? No creo que la esposa del general vaya simplemente matando gente. Es decir… -si Z lo decía debería de ser cierto, pero no le hallaba sentido.

—Yeah… —Z pasó el dorso de su mano sobre su boca, pareciendo que ahora simplemente era ella quien le ponía fin al tema bruscamente, casi decepcionada. Girándose para enfrentarle con un deje agrio en su mirada extendió sus brazos a los costados —No estoy segura. Quizá deba regresar hasta ella y preguntárselo, no crees? —dijo con cierta ironía. —No sé… preguntarle por qué decidió matar a mi padre y si le pareció divertido acabar con una familia. Puede que de ese modo y si salgo con vida, claro, siempre y cuando los franceses no me asesinen primero responda a tus dudas. —Z negó cerrando sus manos en puños— ¿Qué piensas Velkan? ¿Qué vendría hasta aquí, pidiendo de tu ayuda cuando casi acabe con una mujer, cuándo ahora tengo todo un ejército que apenas sepa lo que hice se me vendrá encima?. Mira… —enseño las palmas de sus manos, más para intentar mantener calma a esas alturas. —si la OCEU o ellos son importante para ti, o si esto va contra la fidelidad que posees, bien, gran error mío por recurrir a ti. Y lo pagaré, sí, estoy segura de eso —sonrió con desazón— pero no necesito cuestiones lo que le ha pasado a mi familia. En serio, no lo necesito ahora. En fin, prometiste me darías una ventaja. Deja que tome mis cosas, al menos cinco minutos y luego… Luego solo realiza lo que debas hacer. —Dijo para perderse y efecto alcanzar su bolso. 

-No estoy juzgándote Z, ni te estoy cuestionando, cálmate, no soy parte de la OCEU, sólo intento comprender qué sucedió. Si fuera tú habría buscado primero respuestas y luego venganza -admitió, explicando el por qué de su pregunta -Vamos, detente -pidió, manteniéndose en su sitio, consciente de que probablemente podría matarle de un toque, quizá no, no era humano, pero no era un riesgo que fuera a correr sólo por tomarle del brazo -¿Quieres saber lo que yo he escuchado? He escuchado a una chica que perdió a su familia a manos de una mujer, que se vio obligada a actuar en esa venganza para proteger a su hermano. Probablemente había una parte de ti, grande o pequeña que lo deseaba, pero no lo hiciste. Tú fuiste mejor que ella, viste a sus hijos y no apretaste el gatillo. Esa es la historia que he escuchado -dijo con sinceridad, honestamente la de Z aún si hubiera matado a Layla a causa de odio, era mucho más perdonable que su futuro, matando a un amigo -No creo que merezcas que te entregue a ellos… -negó con la cabeza, acabando por encogerse de hombros -podrías venir con nosotros, te protegeríamos.

—¿Y acaso piensas que no lo hice? —se detuvo para enfrentarle con los ojos entrecerrados, sin embargo su tono fue mucho más cabizbajo. —¿Piensas que sólo dije: Ok, ella mato a mi padre y destrozo a mi familia, yo sólo le voy a devolver la moneda y la asesinaré por qué no tengo nada mejor qué hacer? ¿Por qué esa fue la enseñanza que mis padres me otorgaron, actuar sin evaluar consecuencias? He venido pensando en esto cada noche desde que mi padre dejo de acompañarnos, Velkan, desde que vi la muerte en los ojos de mi madre perdiendo la vida día a día, desde que mi hermano tuvo que asumir el cuidarme sin importar que eso le costara dejar de vivir su propia vida, incluso cuando yo podría haberle matado por la necesidad de una muestra de afecto con sólo tocarle. —Suspiro, liberando la correa de su bolso para que este regresara al suelo, cediendo. Se tomo un momento para tragar todo ese tormento. Z pocas veces perdía la calma, procuraba el noventa y nueve por ciento del tiempo no desquitarse con el resto de las personas. La vida era así, difícil día a día, lo era para todos. Desde su lugar le dedico una mirada, mezcla de pedirle disculpa por ese momento descarriado y de desconsuelo. No mucho después se acuclillo al lado de su bolso, rebuscando en uno de los bolsillos su juego de guantes de cuero marrón con un tipo de habilidad que le permitía tocar sin matar. Un hechizo. Era lo mejor que podía hacer necesitando distraerse. —¿Por qué tendrías que hacerlo? —le miró de soslayo de acuerdo a su último ofrecimiento. Encontrando lo que buscaba los separo y puso cada uno en la respectiva mano; jalándole, abriendo y cerrando de sus dedos para acomodarles sin un mayor afán. —¿Hasta cuándo los tuyos querrán prestarme su apoyo? Soy consciente que las mentiras caen primero y a prisa, una vez sepan lo que puedo hacer con estás manos o el peligro que les echaré encima por tu decisión de ser amable conmigo, no voy a ser sólo yo quien se encuentre en problemas. Y no sé si quiera que lidies con eso. 

-Ziva -llamó su atención manteniendo esa calma, estaba demasiado agotado para discutir -Estas poniéndote a la defensiva nuevamente. Yo no soy el enemigo -le recordó cuando perdió la compostura momentáneamente, pero fue ella misma quien se regresó a la línea de la calma. Y él no dijo nada más al respecto. -Por que es lo que hacemos. Podrías decir que somos parias de la sociedad -rodó los ojos -Criaturas sobrenaturales, gente con poderes, que los demás creen peligrosos e intentan matar -se encogió de hombros, al menos ese era el modo en que veía a su ejército. No eran una ola de monstruos queriendo matar a todos eran personas, algunos malditos, otros simplemente con mala imagen -La mayoría entendemos por lo que has pasado. No van a entregarte a la OCEU, no hacemos eso, nos protegemos entre nosotros -quizá él lo veía demasiado idealista. Quizá ese era el modo en que deseaba que fueran, pero en su mayoría eran criaturas dañadas, que habían sufrido mucho, y sin importar sus intenciones, seguían siendo criaturas de oscuridad, y la oscuridad les llamaba, la sangre, el lado salvaje.

Ella suspiro antes de reincorporarse, dando un suave asentimiento para demostrarle que su postura y actitud no estaban del lado de buscar discusiones. No tenía sentido, no con él. Velkan había venido para ayudarle sin siquiera buscar negarse, y seguía allí pese a lo que acababa de contarle, escuchándole, ofreciéndole un nuevo camino para de algún modo iniciar una vida. ¿Para bien o para mal? Solo el tiempo tenía esa respuesta. —No dudo de tu gente, Velkan. En lo absoluto. Ni siquiera tengo esa opción a mi alcance considerando lo que me estás ofreciendo. De alguna forma yo… Confió en ti. Lo hice a pesar de mi actitud la primera vez que nos vimos, e incluso tú también confiaste en mí, supongo —alzo sus hombros— y, ahora que vuelvo a observarte, eso no cambia ni un ápice. Sé que no es mucho el tiempo de conocernos, algo que en verdad lamento —confeso. Pocas personas a lo largo de su vida habían terminado siendo como él, por donde se le mirara Z sólo encontraba rasgos de una buena aura. Sus ojos, aún bajo el cansancio lo irradiaban. Y especialmente a ella le causaba sorpresa que, incluso con el panorama actual de ese mundo él pudiera verse así; como un chico puro. —¿En verdad crees que podría serte de ayuda? Porque no voy a permanecer de brazos cruzados. Tengo un don —alzo sus manos enguantadas— ¿recuerdas? Oh, y descuida, mientras los use —dijo refiriéndose a los guantes— no importa a cuantos toque, nadie muere. 

-Mira… -inspiró aire, apartando la mirada hacia la ventana, controlando cada tanto como de costumbre -Hagamos lo siguiente, vienes conmigo, vamos a Bannerman donde están los míos, descansas una noche, y entonces decides lo que quieres hacer ¿Hecho? -no quería comprometerle a meterse en una guerra si no era lo que quería. Observó entonces los guantes que había tomado por guantes regulares. -Eso es bastante útil, felicidades -sonrió con cansancio. Sabía que Z debería de sufrir mucho a causa de su don, por lo que suponía que tener unos guantes así eran algo cerca de un milagro.

Z le miró con el gesto sesgado y luego, casi fuera de lugar sonrió. 

—Okay Velkan, voy contigo, paso una noche allí, descanso —decía prácticamente repitiendo ya lo dicho por él, sólo que la simpatía asomaba en su voz— y si a la mañana siguiente ya no te encuentras nervioso por mi compañía me quedaré. Y si, te prometería no volver a besarte porque seguramente ya una próxima vez no irás a mi ayuda, pero lo siento… —se encogió de hombros torciendo los labios, como si realmente esa fuera una tarea difícil— no puedo prometerte cosas imposibles. —Acabo por decir con una egolatría impropia, una que resultaba ser más de la vieja Ziva, pero necesitaba darle aunque fuera por segundos un ambiente menos denso. —Vamos, —le dio un golpecito en el hombro, demostrándole que lo había tocado y él seguía tan vivo como antes—no hagas que me vuelva depresiva por tu criptica seriedad. Son malos tiempos, lo sé, pero si no sonríes tendré que recurrir al plan b. 

El lobo alzó la cabeza con sorpresa y luego acabó por soltar una risa algo leve, negando. No podía llamársele precisamente una risa abierta y relajada, no tenía muchas de esas desde Michigan, todo se iba en picada desde allí, las nornas, el abandonar a Sage, Allison, el encontrarse con su tío. No obstante, honestamente agradecía el humor, necesitaba algo de eso con todo el caos que tenía en su cabeza. 

-Temo preguntar cuál es el plan B -se incorporó, tomando su mochila. Ya estaba decidido se iría con él.

—Tienes el gesto de un chico inocente —decía inclinándose a recoger su mochila y ballesta, colgando ambas en su espalda. Primero su bolso debido al peso con un tirante sobre sus hombros, luego su arma con una correa de cuero en su extremidad derecha. Era mejor siempre tenerla a mano debido a los imprevistos. Si iban a emprender viaje, era mejor poner de su parte y estar tan atenta como él para el resto de camino. —Créeme, no querrás saber en qué consiste ese plan B —le guiñó un ojo, sonando toda enigmática cuando únicamente se trataba de un ataque de cosquillas. Pero claro, Velkan no tenía porque saberlo. —No por ahora —añadió comenzando a caminar fuera de allí, pero sin tomar ventaja alguna. Apenas dejo las paredes derruidas espero por él, dándole una mirada al cielo de esa noche.

Abrió la boca como para decir algo, arrugando el ceño, claramente Z se divertía a costa de él desde la primera vez. Se resignó y acabó por ladear una leve sonrisa algo desganada, acomodándose la mochila y saliendo tras ella. 

-Vamos de una vez señorita graciosa -dijo al llegar a su lado, mirando hacia el camino absolutamente desierto. Honestamente le desganaba pensar en todo lo que les esperaba para recorrer, no muy seguro de si tendría las fuerzas -tenemos un largo camino hasta Nueva York, será mejor que consigamos un vehículo. 

I’m fine.